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| El
flamante trasatlántico Monte Cervantes, botado en 1924
había zarpado del Puerto Nuevo de Buenos Aires a las
10 de la mañana del 15 de enero de 1930, mientras cinco
mil personas lo despedían desde el muelle, sus 1.180
pasajeros se aprestaban a descubrir y disfrutar de este verdadero
palacio flotante de placer, sus 380 tripulantes se ocupaban
y preocupaban por que todo funcionara como un mecanismo de
relojería.
Así,
este vapor de 150 metros de eslora, y cuyas 14.000 toneladas
soportaban seis pisos (sin contar las bodegas) inició
su último viaje hasta la lejana y por entonces, exótica
Tierra del Fuego; hasta cuya capital, Ushuaia que en ese momento
contaba con 800 habitantes llegó haciendo escala de
15 horas, permitiendo a los viajeros disfrutar de la ciudad
más austral del mundo, destino final del viaje que
duraría 15 días por los mares del sur.
El
día siguiente amaneció lluvioso y frío,
de todos modos y a pesar de las nubes el día era claro
cuando el Monte Cervantes levó anclas del puerto de
Ushuaia para internarse en el mar e iniciar el viaje de regreso.
Eran
exactamente las 12,45 y gran parte de los pasajeros había
concluído el primer turno del almuerzo, sazonado con
coñac francés y vinos del Rhin, cuando un golpe
seco y violento conmovió al barco y la fiesta que parecía
interminable se transformó en catástrofe comenzando
una verdadera pesadilla.
En
las cubiertas, los pasajeros que se encontraban divisando
las franjas roja, blanca y roja del vistoso Faro Les Éclaireurs
sintieron un rasguido seguido de una fortísima sacudida...
el silencio envolvió al buque sintiéndose solamente
un impresionante ruido de máquinas que rugían.
La
proa se levantó y el buque se inclinó bruscamente
hacia babor bruscamente, todo en segundos... el agua comenzó
a inundar rápidamente las bodegas y los camarotes inferiores.
Dreyer reaccionó rápidamente y antes de que
se quedara sin motores, llevó al buque hasta los islotes
Les Eclaireurs donde lo encalló; de esa forma, la tripulación
pudo bajar los botes salvavidas y salvar a todos los pasajeros.
Pero
mientras tanto el mar helado invadíala cubierta y los
camarotes, en tanto, dentro del buque, se desataba el caos
y los pasajeros corrían de un lado a otro buscando
chalecos y botes salvavidas; el piso se inclinaba cada vez
más y la vajilla se desmoronaba de las mesas mientras
rodaban las sillas y el elegante piano de cola comenzaba a
deslizarse como si una mano invisible lo empujara...
El
capitán, Theodore Dreyer, pronto entendió que
cuaderno de bitácora del Monte Cervantes empezaba a
anotar su última historia...
Se dice que fueron los presos del penal los que advirtieron
el hundimiento intentando, sin éxito llamar la atención
de los carceleros; en tanto, desde la cercana costa, a una
distancia de 300 metros algunos pobladores advirtieron la
peligrosa situación del Monte Cervantes, sin llegarles
los angustiosos gritos y llantos de sus asustados pasajeros...
El
capitán Dreyer había logrado por fin encajar
el buque entre dos rocas para que el Monte Cervantes naufragara
más lentamente y así dar tiempo al salvamento;
de todos modos, las mujeres lloraban, se abrazaban y temblaban;
mientras los hombres no hacían más que repetir:
«No es nada, señoras, el buque ha varado, no
hay ningún peligro»
Pero la imagen del humo impenetrable que salía de la
sala de máquinas y el agua helada del mar inundándolo
todo, decían lo contrario
Mientras
Dreyer daba órdenes parado sobre el puente, los marineros
empezaron a hacer descender los 28 botes salvadores
Los primeros en medio de un caos casi ingobernable; los últimos,
ante la mirada aterradora de los pasajeros que quedaban a
bordo: los botes no eran suficientes para todos
Sin
embargo, la desesperación no duró mucho.
Al cabo de unas horas un buque de carga, el Vicente Fidel
López, respondió al pedido de auxilio del Monte
Cervantes ys sus botes trajeron la esperanza que no tuvo el
Titanic, 18 años antes
Sin
embargo, los primeros náufragos no la estaban pasando
mejor.
Los fuertes vientos y un oleaje demasiado rebelde había
empezado a tratar a los frágiles botes como cáscaras
de nuez; inclusoi alguno se dió vuelta por completo,
y en esas condiciones era imposible ya no solo llegar a la
costa, siquiera dominarlos: el mar los empujaba hacia sus
entrañas y los alejaba cada vez más de tierra
firme
Con
una foja de servicios impecable, Theodore Dreyer, su capitán,
había decidido, antes de la tragedia, que aquél
sería su último viaje.
Tenía 56 años, una esposa y una hija a punto
de casarse, y creía que ya era hora de retirarse
Dicen que no paraba de hablar del inminente casamiento de
su hija, allá en Alemania, donde lo estaban esperando
para la boda
Según
una historia, ante la muerte de su barco, el capitán
optó por la ley del mar:
tomando su revólver, se ató al timón
y se disparó para hundirse junto al monte cervantes.
De
todos modos, el 23 de enero, la nave que había quedado
hundida de proa y con una notable escora a babor, efectuó
una vuelta campana quedando con una escora de 122°. El
Capitán Dreyer que estaba abordo, pereció al
voltearse la nave, siendo la única víctima del
accidente y su cuerpo jamás fue encontrado.
Al dia siguiente, en Ushuaia, se hizo una misa en su honor
El orador fue el Dr. Pedro Bonastre, padre de una de las pasajeras
y futuro senador de Corrientes
Los
pasajeros permanecieron en la isla una semana, con grandes
sacrificios, dado que la ciudad no estaba preparada para albergar
a 1.500 huéspedes inesperados y las autoridades locales
debieron techar el patio del penal para improvisar un refugio
Tambien
se acondicionó la única pensión y hubo
quienes pasaron las noches en la farmacia o la casa del gobernador,
durmiendo sobre los colchones prestados por los presos, que
expresaron su intención de ceder la mitad de su ración
diaria de alimentos para compartirla con los náufragos
Si
bien la tripulación recuperó casi todo el equipaje,
desaparecieron baúles repletos de joyas y vestidos
carísimos, lo que dio lugar a comisiones investigadoras
que -naturalmente- no llegaron a ningún resultado.
Crónica del naufragio con datos tomados principalmente
del artículo publicado por la Revista Viva de Clarín,
en el año 1999
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LA
EMOCION DEL SALVATAJE (12,55 hs.)
"Sensacional
fotografía obtenida diez minutos después del
accidente, cuando el primer bote repleto de pasajeros es
echado lentamente al agua, ante la ansiedad general. Observe
el lector como todo el pasaje lleva colocados sus salvavidas"
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HORAS
(13,10)
"Dominado
ya el pánico, se logra el embarque del pasaje, con
el mayor orden y dominio de la situación"
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| LOS
DOS ULTIMOS BOTES
"Tripulantes y pasajeros del Monte Cervantes abandonando
el buque. Hallábase entre ellos nuestro corresponsal,
señor Carlos L. Bustos" |
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| EL
NAUFRAGIO DEL MONTE CERVANTES
Detalles
de la embarcación
Este Vapor pertenecía a la compañía Hamburgo
Sudamericana, representado en Buenos Aires por la empresa
Delfino. Había sido botado en 1924, o sea que solamente
tenía seis años (lo que descarta presunciones
de que estaba obsoleto). Tenía 150 metros de eslora,
19 de manga y 10,7 de puntal. Desplazaba 13.750 toneladas
y desarrollaba una velocidad de 16 nudos. Era impulsado por
4 motores diesel MAN de 1500 a 2000 HP cada uno; tenía
2 ejes, 2 chimeneas, 2 mástiles y 20 botes salvavidas.
Sin contar las bodegas, tenía 6 pisos. Los rumores
sobre su condición vetusta quizás surgieron
por una especie de hado negativo que le persiguió.
Hubo un principio de incendio en su botadura y chocó
contra un témpano en Julio de 1928, en una excursión
a noruega. También se decía que había
sido construido más para transporte de inmigrantes
que para pasajeros de cámara.
Era
un buen vapor de turismo, aunque de ninguna manera de lujo.
Las camas para pasajeros eran 1.082 pero en aquella oportunidad
se las habían ingeniado para hacer entrar 1.200, a
lo que debía agregarse unos 300 oficiales y tripulantes.
El
Capitán
El Capitán Teodoro Dreyer nació en Alemania
el 2 de Diciembre de 1874. Entró a la compañía
en 1899 y prestó servicios en ella por 31 años.
Desde 1910 comandó naves como el Vigo y el España
y desde 1928 estuvo al mando del Monte Cervantes. Su foja
de servicios era muy buena y al morir dejó esposa y
dos hijas.
El
naufragio
La embarcación salió del puerto de Buenos Aires
el 15 de enero de 1930. Pasó frente a Mar del Plata
e hizo escalas, aparentemente demasiado breves, en Puerto
Madryn y Punta Arenas. El 21 de enero de 1930, el Monte Cervantes
hizo escala de 15 horas en el pueblo de Ushuaia, que en ese
momento contaba con 800 habitantes.
El
22 partió de Ushuaia con destino a bahía Yendegaia
(Chile). No se sabe si por decisión del Capitán
o del piloto Rodolfo Hepe, en lugar de llegar hasta el faro
Les Eclaireurs, se utilizó el paso del mismo nombre,
chocando contra un bajo fondo. Se escuchó un fuerte
rasguido en la quilla, que produjo una abertura e inundó
rápidamente las bodegas y los camarotes más
bajos. La proa se levantó, el buque se inclinó
de babor bruscamente y comenzó a hundirse. El Capitán
reaccionó rápidamente y antes de que se quedara
sin motores, llevó al buque hasta los islotes Les Eclaireurs
donde lo encalló; de esa forma, la tripulación
pudo bajar los botes salvavidas y salvar a todos los pasajeros.
El
barco de carga Vicente López respondió al S.O.S.
y comenzó a cargar a los pasajeros que encontraba en
su camino. todos los náufragos pudieron ser rescatados
en el mismo día pero deberían esperar una semana
a que el buque Monte Sarmiento los viniese a recoger y los
llevará nuevamente a Buenos Aires. En Ushuaia no había
más que una pensión, con (cuatro camas) y los
náufragos debieron repartirse en diferentes casas de
familia, el patio del presidio (incluso se techó el
patio), depósitos, etc. Los presos donaron mediante
un comunicado la mitad de su ración de comida.
Hubo
una sola víctima: el capitán Teodoro Dreyer,
quien había desaparecido. Existen tres hipótesis
diferentes acerca de lo que pudo haberle ocurrido. La primer
hipótesis afirma que regresó al barco y fue
víctima de un accidente; la segunda, que fue “a
morir con el barco”, a la manera romántica de
los antiguos navegantes; y la última y más curiosa
cree que el capitán alemán se habría
fugado, llegando hasta la costa de isla Navarino. Lo cierto
es que no se supo más de él, nunca se encontró
el cuerpo y su viuda ofreció recompensa por información
sobre su esposo.
En
las crónicas de la época se señala que
hubo numerosos saqueos y, si bien se recuperó el equipaje,
algunos de ellos desaparecieron. Se le atribuyó la
culpa a la tripulación del Monte Cervantes, ya que
los que no pudieron recuperar su equipaje perdieron sobre
todo cosas de valor como cámaras de fotos, alhajas,
etc. Al regresar a Buenos Aires, se organizaron comisiones
de pasajeros y le iniciaron juicio al representante en Argentina,
pero la justicia desestimó los cargos. Esa misma comisión
realizó una placa en agradecimiento al pueblo de Ushuaia
por su generosa hospitalidad. Los náufragos se reunieron
luego para el cincuentenario del naufragio en Ushuaia. |
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MEDIA
HORA DESPUES
"Los
últimos botes se alejan del MOnte Cervantes, cuya
proa se hunde, ofreciendo un espectáculo realmente
emocional "
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¡SALVADOS!
"Expresiva
fotografía de los náufragos a salvo ya en
tierra, esperando su traslado al aviso Vicente López,
que los condujo a Ushuaia"
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Ya
en Ushuaia, los náufragos improvisan un campamento
al aire libre
El
pasaje del Cervantes no era común; por el contrario,
se trataba de personas adineradas y esto me lo confirmó
una pasajera ya fallecida de la sociedad porteña,
quien manifestó que había sido un suceso para
la época y había llamado la atención
por el interés despertado en conocer Ushuaia y el
canal Beagle. Hoy, es fácil comparar frente a los
numerosos cruceros de turismo que amarran en el muelle comercial.
En
1954, con el intento de su reflotamiento, los comentarios
giraban en torno a la caja de caudales, donde las pasajeras
habían depositado sus alhajas, pero al respecto también
se decía que los buzos no la habían respetado
y se habían hecho de los valores.
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Ya
en Buenos Aires, los náufragos se confunden en besos
y abrazos con sus seres queridos
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El
segundo naufragio del Cervantes
Años
más tarde, y luego de mucho papeleo, una empresa argentina
llamada Salvamar -aún hoy en funcionamiento- inicia
las tareas de reflotar el Monte Cervantes. El buque se había
dado vuelta de campana y estaba con el casco invertido. Una
parte del mismo se encontraba fuera del agua. La empresa estableció
un campamento para los buzos enfrente del faro Les Eclaireurs.
Aún hoy se pueden apreciar los restos. El trabajo consistía
en sellar el casco del buque para luego inyectarlo con aire
comprimido y así reflotarlo. Durante diez años,
la firma Simoncini intentó reflotar el Monte Cervantes.
Finalmente,
el 3 de octubre de 1954, el barco fue reflotado. La idea original
era remolcarlo hacia la ciudad de Ushuaia donde le harían
el desguase. Para este trabajo fueron necesarios los barcos
de la Armada -Chiriguano y Guaraní- y el remolcador
Saint Christopher, perteneciente a la empresa Salvamar. Iniciaron
las tareas de remolque y, a sólo una milla del lugar
(no se sabe si tal vez por el apuro de los barcos que lo iban
remolcando), el casco del Monte Cervantes se volvió
a partir y se hundió nuevamente, aunque esta vez en
un lugar más profundo (entre 75 y 100 metros), por
lo que no se intentó nuevamente reflotarlo.
Declaración
del Práctico capitán Rodolfo Hepe
“Atribuye
el accidente a la circunstancia de que las piedras situadas
entre las islas Willie y Lespach tienen mayor extensión
que la indicada en las cartas marinas.
La
marcación de a bordo, agregó el capitán
Hepe, orientó claramente al Monte Cervantes casi por
le centro del paso, con una desviación mínima
hacia el Oeste, encontrándose allí la piedra
y los cayiyuyos donde chocó el barco a las 12.45 del
día 22 (de enero), para deslizarse tres minutos después.”
(...)
“Interrogué al capitán Hepe quién
dirigía la nave en el momento en que se produjo la
encalladura, pero no quiso contestarme a esto, expresando
que se reservaba el dato para cuando tuviera que declarar
ante las autoridades que harían el sumario en Buenos
Aires. Finalmente, el capitán Hepe me manifestó
que había realizado dieciséis viajes por los
canales fueguinos...” (La Prensa, 30 de enero de 1930)
Otros
textos en la prensa de la época
...”El
señor Escola (Práctico del Monte Sarmiento)
resta toda importancia a las declaraciones de los pasajeros,
que incurren en una serie de contradicciones sobre los hechos
acaecidos”... (Crítica, Buenos Aires, Domingo
2 de febrero de 1930)
...”El
buque pasó por la zona prohibida fijada por el faro
y el sector rojo dl cual es uno de los vértices. La
navegación por la ruta normal ofrece máximas
garantías que se establecen comparando los múltiples
números del plano (...) Ha habido, pues, una imprudencia
injustificable agravada luego por un posible error de orientación
o quizá por el choque contra una piedra desconocida.
(...)
La imprudencia tiene prelación sobre la eficacia de
la carta que si algo establece es el peligro de la zona por
la cual pasó el Monte Cervantes, probablemente a consecuencia
del celo profesional de dos marinos que se creían igualmente
expertos. El capitán Dreyer dominaba los fjords noruegos;
el asesor capitán Hepe, los canales fueguinos. Ese
estado de espíritu explicaría el hecho de contrariar
rutas que no tenían la tentación de peligro.”
(Crítica, Buenos Aires, Domingo 2 de febrero de 1930)
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Las
lágrimas por la larga angustia ceden ante el alivio
de volver a ver a sus familiares y amigos en el puerto de
Buenos Aires |
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| LA
EMOCION DE UNA MADRE
"Un cuadro de verdadera intensidad emotiva. El encuentro
de una madre con la hija, a quien durante varias horas creyó
perdida en el naufragio" |
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| Vemos
al periodista Carlos L. Bustos, periodista de Caras y Caretas,
"náufrago del Monte Cervantes, a cuya sangre fría
debemos el que Caras y Caretas ofrezca esta sensacional nota"
descendiendo del Monte Sarmiento
Bustos
fue fotógrafo y artista plástico nacido en Gualeguay,
provincia de Entre Ríos, Argentina, el 27 de junio
de 1877. Cursó estudios en el Colegio Hispanoargentino
de Rosario y en el Colegio Nacional de la misma ciudad. Era
hijo de Evaristo Germán Bustos y de Clara Perotti,
primera mujer telegrafista del país.
Tuvo
una destacadísima actuación durante el naufragio
del vapor de ultramar "Monte Cervantes", (el "Titanic
del sur"), hecho ocurrido el 22 de enero de 1930 en el
canal de Beagle, pues fue el único fotógrafo
profesional que obtuvo documentación gráfica
del siniestro, sin dejar de colaborar en la puesta a salvo
de mujeres y niños.
Carlos
L. Bustos falleció un año después, en
1931. Hoy, la sala de arte del Museo y Archivo Histórico
Municipal de San Nicolás lleva su nombre, y allí
se puede ver una de las máquinas fotográficas
que usara, junto con algunas de sus obras.
Más
información de su vida y trayectoria, haciendo clic
acá |
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| Buques
Perdidos en el area del Canal de Beagle - Historias
LA
SAGA DEL MONTE CERVANTES
Buque
de pasajeros de casco de acero, construido entre 1924 y 1927
en el astillero Blohm & Voss de Hamburgo, Alemania, para
la empresa Hamburg Südamerikanische Dampfschiffahrt Gessellschaft.
Era gemelo de los MONTE OLIVIA, MONTE PASCOAL, MONTE ROSA
y MONTE SARMIENTO.
Sus
dimensiones en pies eran: 500.00 x 65.00 x 37.00, (159,70
x 20,10 x 11,50 metros). 13.912 toneladas de registro neto
y 20.000 toneladas de desplazamiento. Estaba propulsado por
4 motores diesel M.A.N. de 6 cilindros cada uno con un total
de 6.800 HP.
Esta
nave tuvo un comienzo un poco ominoso, ya que sufrió
un incendio durante el período de alistamiento, lo
cual provoco la demora de la entrega a los dueños por
parte del astillero Blohm & Boss, de Hamburgo.
Posteriormente,
durante un crucero al Norte, en el año 1928 sufrió
una colisión con un témpano que le produjo una
seria avería y la inundación de varios compartimentos.
Finalmente fue salvado por el rompehielos soviético
KRASSIN (El que luego sería re bautizado LENIN), cuyas
poderosas bombas de achique lograron contener dicha inundación.
Este
trasatlántico de 150 metros de eslora, construido en
Alemania estaba diseñado para el transporte de inmigrantes
de Europa al Nuevo Mundo pero tenía una distribución
interna más espaciosa que lo normal y por lo tanto
era apto para efectuar viajes de tipo crucero turístico.
En
el año 1929 se había iniciado con el MONTE OLIVIA,
de la misma empresa, un emprendimiento turístico para
la clase media, es decir, precios módicos.
Es
así que el 15 de enero de 1930, a las 10:00 horas zarpó
de la dársena A del puerto de Buenos Aires con destino
a Puerto Madryn, Magallanes (Punta Arenas), Ushuaia, Yendegaia
y regreso.Estaba al mando del Capitán Teodoro Dreyer
(02-12-1874 / 23-01-1930) y llevaba como práctico de
los Canales Fueguinos, al Capitán Rodolfo Hepe. El
22 de enero, minutos después de zarpar de Ushuaia,
la nave toco fondo en la restinga del faro Les Eclaireurs,
la cual se encuentra a 2 ¾ millas náuticas de
Punta Segunda y se extiende por una milla en dirección
Este - Oeste, dicho faro se encuentra en la posición
54° 52’ Sur y 068° 05’ Oeste.
La
mayoría de los náufragos fueron evacuados a
Ushuaia por el transporte VICENTE FIDEL LOPEZ, al mando del
Teniente Mario Casari y por la lancha GODOY, esta última
era la embarcación de apoyo del Penal de Ushuaia.
El
23 de enero, la nave que había quedado hundida de proa
y con una notable escora a babor, efectuó una vuelta
campana quedando con una escora de 122°. El Capitán
Dreyer que estaba abordo, pereció al voltearse la nave,
siendo la única víctima del accidente y su cuerpo
jamás fue encontrado.
Los
náufragos fueron evacuados de Ushuaia el día
28 de enero en el MONTE SARMIENTO.
En
el juicio establecido por el Tribunal del Almirantazgo de
Hamburgo, se absolvió al Capitán Dreyer, a pesar
de que en las cartas náuticas figuraba como paso “no
recomendado” y llamó a revisar las cartas náuticas
argentinas.
En
los Avisos a los Navegantes N° 13, del 1 de julio de 1930,
en los párrafos 123 y 124 se establece que:
A)
El faro Les Eclaireurs está en el islote más
al Norte y más al Este del que figura en la carta n°:
65 y manda corregir esta.
B)
Denuncia un bajofondo a los 282° y 700 metros, al Norte
del faro. |
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