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El
flamante trasatlántico Monte Cervantes, botado
en 1924 había zarpado del Puerto Nuevo de Buenos
Aires a las 10 de la mañana del 15 de enero de
1930, mientras cinco mil personas lo despedían
desde el muelle, sus 1.180 pasajeros se aprestaban a
descubrir y disfrutar de este verdadero palacio flotante
de placer, sus 380 tripulantes se ocupaban y preocupaban
por que todo funcionara como un mecanismo de relojería.
El
viaje de placer se extendería por 15 días
y su pasaje estaba constituído en gran parte
por una próspera clase media que llegó
a Ushuaia el 21 de enero, para emprender el regreso
al día siguiente.
Empero,
y cuando había recorrido apenas 300 metros desde
la costa, el buque impactó contra unas rocas
comenzando a hundirse rápidamente generando el
pánico en el pasaje que, azorado, veía
desplomarse los objetos e inclinarse el piso rápidamente,
mientras por el inmenso rumbo, fluía un gran
caudal de agua helada que inundaba los camarotes.
La
rápida decisión de su capitán,
el alemán Theodore Dreyer, permitió que
no hubiera víctimas fatales. Al día siguiente
y semihundido, el Monte Cervantes dio una vuelta de
campana cuando Dreyer se encontraba a bordo, pereciendo
junto a su barco. Era éste su último viaje,
pues planeaba regresar a Alemania para asistir al casamiento
de su hija.
En
estas páginas se exhibe la crónica
de la revista Caras y Caretas del 8 de febrero de 1930
a través del testimonio del prestigioso fue
fotógrafo y artista plástico Carlos
L. Bustos, que fallecería al año siguiente,
siendo uno de los pasajeros que registró para
la historia los últimos momentos del Monte Cervantes,
el buque que tuvo la particularidad de padecer dos hundimientos;
dado que tras el fallido intento de remolcarlo en 1954
se hundió, y esta vez para siempre en las profundidades
del oceáno...
El
nuevo aniversario del hundimiento del Monte Cervantes
(Denominado "El Titanic" del sur) coincide
con la tragedia, en muchos aspectos similar con el accidente
del "Costa Concordia" en aguas de la Isla
del Giglio, Italia, el 13 de enero de 2012 cuando la
nave encalló y abrió en su casco numerosas
vías de agua de grandes dimensiones, lo que le
llevó a quedar fuertemente escorado en aguas
someras frente a la isla italiana de Giglio, en la costa
de la Toscana, en el mar Mediterráneo, con las
graves consecuencias de 12 muertos, 20 aun desaparecidos
y 4.200 evacuados
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