|
|
| Dicen
que...
5
de enero de 1909. Son las siete de la tarde en General Rodriguez
y aun hay bastante luz en este apacible verano de General
Rodriguez donde todos estan abocados a sus quehaceres cotidianos...
los trabajadores vuelven a sus hogares mientras los carros
lecheros regresan con su tintineantes tarros a los tambos;
algunos se demoran en algun 'boliche' comentando las vicisitudes
del dia y algunas pocas novedades... algunos pasean aprovechando
el fresco del ocaso.
Nada perturba la serenidad de otro dia en este tranquilo poblado...
hasta que un rumor de boca en boca eriza los cabellos de los
hombres y hace llevar la mano a la boca de las espantadas
matronas... un estremecimiento sacude a todos... no pueden
creerlo: ¡el cura parroco ha sido asesinado en el templo!
Cuando
se confirma la atroz noticia, todos se persignan y van de
casa en casa... una multitud se congrega ya en la plaza, frente
a la parroquia... las autoridades y policia intentan imponer
orden y un sin fin de hablillas y chismes se esparcen por
doquier... |
|
| |
| |
| |
| 
|
 |
| Al
anochecer del 5 de enero de 1909 moría asesinado el
cura párroco R.P Luis Gómez Duque (izq.), quien se encontraba
al frente de la parroquia desde mediados del año 1901 y gozaba
de alta estimación y general beneplácito. Era de nacionalidad
española y contaba con 54 años de edad. Sus restos fueron
sepultados al pie de las gradas del atrio. Asistió a la inhumación
el R.P. Santiago Luis Copello, en representación del Obispo
de Buenos Aires. A la der.: José
Duque y Gómez: El rostro de un fratricida que lloró
luego de asesinar a su hermano sacerdote |
|
| |
| |
| 
|
 |
| «La
cocina donde estaba el sacerdote sentado en un banquillo,
cuando desde la puerta le agredió su hermano disparándole
los cuatro tiros de su revólver».
A la der. Puerta de la cocina junto
a la cual cayó luego de dar unos pasos el sacerdote
herido de muerte, cayendo exánime en el sitio marcado
con una cruz |
|
| |
| |
| HISTORIA
DE UN ASESINATO
El
asesinato del vicario Luis G. Duque y Gómez fue un tremendo
y dramático hecho que conmovió a toda la comunidad «en una
población como era la de General Rodríguez, una aldea en esa
época, la muerte del cura sacudió a toda la población» nos
comenta el Prof. Dardo Malvino. Era una persona altamente
estimada, de 54 años de edad que estaba a cargo de la Parroquia
desde 1901, si bien se cree que había nacido en España, su
apellido era de origen portugués. Quien lo asesinara, su hermano,
era en realidad fruto de una unión posterior de su madre,
siendo mucho más joven (22 años).
Era de elevada estatura y mul delgado, su hermano era más
bien bajo, "gordito de cara" y muy mujeriego. Ambos
convivían en la parroquia, y cada uno tenía una pieza, a las
que se ingresaba por detrás, por la calle Sarmiento, traspasando
una balaustrada de ladrillos a la vista. Pensemos que por
entonces, la Parroquia era muy modesta al igual que la Iglesia,
hasta su reforma del '43. El hermano frecuentemente traía
mujeres hasta su habitación, siendo reprendido duramente por
el cura, que condenaba su conducta licenciosa.
Aquel
5 de enero a las siete de la noche, mientras ambos se encontraban
en la cocina, pues ambos se ocupaban de los quehaceres domésticos,
estalló la disputa que finalizaría trágicamente; su hermano
enceguecido por los reproches salió de la cocina hacia su
pieza a los gritos amenazando que lo mataría, estos detalles
fueron conocidos por los dos monaguillos Hernani Bonino y
Arturo Nisi que escucharon lo voy a matar", al volver a la
cocina acribilló a su hermano cura con cinco disparos, herido
de muerte, Luis G. Duque alcanzó a caminar tambaleante hasta
el patio que daba a la cocina, un pequeño patio orientado
hacia el norte, de frente al Club Porteño. El desdichado cura
fue sepultado al día siguiente frente a las puertas de la
Iglesia, al pie de las gradas que conducían al atrio. Era
por entonces intendente Benjamín Páez.
Cuando la Iglesia fue reformada en 1943, extendiendo su frente
hacia adelante y de tal manera que el campanario pasó a ser
parte de la nave, el cadáver del cura debió ser exhumado para
poder levantar el atrio en el '42... «yo presencié la exhumación»
nos dice el Profesor Dardo Malvino «era Intendente desde el
20 de mayo de 1942 Dn. Juan F. Joly electo por el Partido
Conservador. Tuve la oportunidad de ver la fosa donde descansaban
sus resto. Con el correr de los años las hormigas habían acumulado
mucha tierra sobre aquellos. estando semisepultados por este
cúmulo. Sus huesos eran extremadamente largos, confirmando
las noticias sobre su elevada estatura, era todo lo que había...»
«Recuerdo que solamente perduraban restos de su calzado, y
de éstos, nada más que la suela, conservando taodavía, su
verticalidad».
Sus
despojos fueron recogidos en una urna, y permancen en un costado
de la Parroquia. Una placa de mármol lo recuerda. A su sepelio
asistió el R. P. Santiago Luis Copello, en representación
del Obispo de Buenos Aires. Aún hoy puede verse la constancia
de su presencia el día de su inhumación y su firma en el libro
de la Parroquia, confirmando que el cura había sido «víctima
de un asesinato». Sea como sea el padre era muy querido por
el pueblo, muchos fieles conservaban su foto en sus hogare.
Pero naturalmente «como todo pueblo chico... infierno grande.
Siempre están presentes las interpretaciones maliciosas.
No
todos adoptaron la versión que acababan de dar, también empezaron
a decir que el hermano lo había asesinado porque el cura "andaba"
con su novia. Pese a lo que se dijera, era una persona íntegra,
además de ser una persona de edad y muy correcta, pero con
todo, no se salvó de aquella maliciosa versión». El invalorable
material que ilustra esta nota está tomado de la célebre revista
PBT gentilmente cedida por el Prof. Dardo Malvino. Los mismos
revisten excepcional valor documental, no solo por su valor
histórico como tal, al detallar los sucesos acaecidos reflejando
las imágenes de sus protagonsitas, sino también por el testimonio
arquitectónico y edilicio de la primitiva parroquia. Los datos
que completan esta nota pertenecen a investigaciones personales
del profesor Malvino.
Iter
criminis
Comentaba
la revista PBT en su amplia cobertura de los hechos «El
5 del corriente a las 7 de la noche encontrábase preparando
la comida el anciano vicario (recordemos que tenía
54 años!) señor Luis G. Duque y Gómez
en la cocina de la casa parroquial y acompañábale
su hermano José de 22 años, que desempeñaba
las funciones de sacristán. No eran muy cordiales las
relaciones entre ambos.
El
cura de un carácter violento e irascible, reprochaba
duramente al hermano su conducta, que calificaba de licenciosa
y el joven no llevaba bien las reprensiones, alguna vez acompañadas
de correcciones violentas. El día de que hablamos habíanse
renovado la contienda y como estuviera presente el menor Arturo
Nisi, envióle José a que pusiera la mesa en
el comedor, para quedarse solo con su hermano. Agrióse
la discusión y el joven corrió a su cuarto y
volviendo con un revólver, desde la puerta de la cocina
hizo cinco disparos sobre el sacerdote, hiriéndole
tan gravemente que con dos de ellos, cortándole la
aorta le causó una muerte instantánea.
Al
ruido de las detonaciones acudieron el menor Arturo, el padre
de éste, un vecino que desde la acera presenció
la escena sin poder prestar auxilio al agredido y poco después
las autoridades del pueblo, deteniéndose al fratricida
que confesó su crimen llorando. El vicario era muy
apreciado de los feligreses por su celo religioso y su caridad
inagotable» |
|
| |
| |
| 
|
La
habitación del cura párroco |
|
| |
| |
| 
|
 |
| Los
rostros azorados de los niños testigos del crimen,
Hernan Bonías (izq.) «acólito de la Iglesia,
a quien José manifestó que iba a matar al cura»
y Arturo Paulino Nisi (der.), «acólito que junto
con Hernan oyó la manifestación del criminal».
Podemos imaginar el impacto emocional en estos dos niños
de pueblo que habrá causado el acontecimiento
|
|
| |
| |
| 
|
 |
| A
la izq. Sargento Sixto Sánchez, quien detuvo «al
criminal cuando se fugaba»
|
|
| |
| |
| 
|
 |
| A
la izq. El comisario señor Echague y el médico
de policía doctor Calixto González, el doctor
Luis Goenaga, presidente del Consejo Escolar y el secretario
de la Intendencia, testigos en el inventario de los bienes
dejados por el difunto.
|
|
| |
| |
| 
|
 |
| El
frente de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen. El
túmulo indica el lugar donde fuera sepultado el sacerdote
hasta 1942 |
|
| |
| |
| 
|
| Retratos
del presbítero Luis G. Duque y Gómez y de su
hermano, José R. Duque y Pérez. Al centro, la
ropa ensangrentada del presbítero. Crónica de
la revista Caras y Caretas |
|
| |
| |
| 
|
| En
una foto del 8 de septiembre de 1906 vemos a la víctima
y su hermano, que le quitaría la vida tres años
más tarde en el despacho parroquial |
|
| |
| |
| 
|
| Los
niños Hernán Bonino y Arturo Nisi, "a quienes
alejó el matador para consumar su crimen" |
|
| |
| |
| EL
ASESINATO DEL CURA DE GENERAL RODRIGUEZ
"Ha
producido gran sensación el asesinato del cura de General
Rodríguez, presbítero Luis G. Duque, muerto
a tiros de revólver por su hermano José, que
desempeñaba en la parroquia las funciones de sacristán.
El
presbítero Duque gozaba de muchas simpatías
en el pueblo, lo mismo por el riguroso cumplimiento de sus
deberes de párroco que por sus acciones caritativas
y la liberalidad de su trato.
Era,
además, hombre instruído, y antes de ingresar
en el clero había estudiado medicina en España.
Generalmente,
el médico local le escogía como ayudante cuando
se trataba de operar a algún paciente.
Por
estas razones ha sido muy lamentado su trágico fin,
y al acto del sepelio, efectuado en la misma iglesia, asistieron
numerosos concurrentes.
Los
doctores Luis Goenaga y el secretario del obispo de la diócesis,
doctor Copello, pronunciaros sentidos discursos ante la tumba
del desgraciado sacerdote.
Respecto
a las causas que motivaron el crimen, se reducen a un altercado
que tuvieron los dos hermanos.
El
presbítero reñía frecuentemente a su
matador, según unos irritado por las costumbres disipadas
de éste, y según otros porque en la intimidad
era de genio sumamente vivo.
También se dijo que José Duque cometió
su delito en un momento de locura.
Después
del altercado entre el presbítero y José, este
último, enfurecido, fue en busca de un revólver
bulldog.
Cuando volvió con él, encontró a los
menores Bonino y Nisi, a quienes les dijo:
-Voy a matar a mi hermano. Ustedes retírense al campanario.
Si piden auxilio, los mataré también.
No
obstante, el menor Nisi, al oír el primer disparo,
acudió inmediatamente, pero ya era tarde, pues José
había consumado su fatal designio.
José
Duque fue detenido en seguida por el sargento Sixto Sánchez
y alojado en la comisaría local."
Caras
y Caretas del 16 de enero de 1909 |
|
| |
| |
| 
|
| "Lugar
donde cayó muerto el presbítero al recibir el
último balazo. A la izq. el vecino Juan Margheritis,
que presenció el asesinato desde la acera de enfrente,
sin poder acudir en socorro de la víctima" |
|
| |
| |
| 
|
| "La
cocina donde el matador hizo los dos primeros disparos, y
señales de los mismos" |
|
| |
| |
| 
|
| "El
perro del presbítero, que desde el asesinato se negó
a abandonar el cadáver" |
|
| |
| |
| 
|
| "Ante
la iglesia parroquial de General Rodríguez, en el acto
del sepelio de los restos del presbítero Duque" |
|
| |
| |
| Por
quien doblan las campanas
Bajo
la dirección espiritual del cura párroco Luis Gómez Duque
se había abierto el 1 de marzo de 1906 el colegio parroquial
"Nuestra Señora del Carmen", en el edificio de la calle 15
(Sarmiento) casi esquina 5 (España). Su preceptor fue al momento
de su inauguración don Luis Fririón, con quien colaboraba
su esposa, doña Dolores Guillermón. Luis Gómez Duque no alcanzó
a ver instalado el reloj y la tercera campana de su templo.
En 1908 habían comenzado los trabajos en la torre del templo
para otorgarle mayor altura y permitir la colocación de las
cuatro esferas del reloj; también se intentaba ganar altura
a través del cambio de la pirámide cuadrangular por la octogonal.
Los
trabajos estaban a cargo del contratista Honorio Devillar,
con un presupuesto de 1.479 pesos. Por fin en julio de 1909
la torre que desde 1892 contaba con solo dos campanas, recibe
una tercera y el reloj de cuatro esferas. La campana había
sido adquirida en 600 pesos a H. Barelli y el reloj, comprado
a Francisco Mairotti por 1.465 pesos. El primer cuidador del
reloj es Francisco Rodríguez, a quien se le abonan cinco pesos
por mes para mantenerlo en hora y lubricarlo. |
|
| |
| |
| 
|
| Vemos
a los señores Domingo Ardohaim, escribano; doctor Calixto
González, testigo; Juan Francisco Echague, comisario
simariante; al doctor Luis Goenaga, testigo; Antonio B. Queirel,
secretario del sumario; al enviado especial de La Prensa y
a Tomás J. Kenny, testigo". |
|
| |
| |
| El
sargento Sixto Sánchez, que detuvo al criminal
|
 |
|
| |
| |
Monseñor
Copello en 1935, prestigiosísima personalidad de la
Iglesia durante el XXXII Congreso Eucarístico celebrado
en Buenos Aires en el mes de octubre de 1934 con la asistencia
de el Legado Pontificio, monseñor Eugenio Pacelli secretario
de Estado de la Santa Sede.
Hacía
26 años que Copello había viajado hasta General
Rodríguez para participar de las ceremonias fúnebres
del Padre Luis G. Duque y Gómez
|
 |
|
| |
| |
| |
|
|