| Predominaba
en la cultura familiar de entonces qué; Marito, nuestro
vecino era más bueno y mejor hijo que uno; qué
nuestro País fue el granero del mundo; que nuestros
militares los más valientes y bondadosos, porque se
desprendía –elípticamente- de sus discursos
que; nos permitían <usar< los símbolos
patrios que –seguramente- sintieron <recuperados>
en la revolución del 55; porque eran de la patria y
ellos eran la Patria. Que nuestros colores patrios son los
mejores, por que tienen el color del cielo y así todo,
siempre idealizado, con eufemismos y <engalanando> todo
con esa concepción superficial y estructurada de la
estética y que era toda una marca registrada nacional
de la época.
Para
mi gusto natural; con mucho bronce para lustrar inmerecidamente;
con mucho almidonado para planchar y demasiado olor a humedad,
a encierro cerebral generacional o tal vez, a simple comodidad
burguesa de una <cultura satisfecha> como diria el Economista
Kennet Galbraith.
Hubo
un 25 de Mayo en que pudimos sentir y entender que no éramos
ni los peores ni los mejores del barrio, solo lo que pudimos
o nos permitiron ser. Y fue el día que festejamos poder
ver a nuestra historia y antepasados en sus luces y sombras,
en su verdadera carnadura humana y valorarlos en su vocación
y obras para el futuro; nosotros.
No
obstante, se podía y se jugaba en la calle; los vecinos
se reconocían, también se odiaban, pero se respetaban
siempre; acaso como esperando que un día uno se olvidara
qué los enemistaba y entonces, también decidir
olvidar nosotros. Porque salvo en el futbol y la política,
todo era sólo epidérmico, circunstancial. Las
puertas siempre estaban abiertas y tambien había un
sutíl plato más en la mesa para el necesitado
y pudoroso de su realidad.
La Patria chica era el barrio dónde nos reconocían
por sí o por ser el hijo de tál.
Hubo
un 25 de Mayo en que millones de vecinos salieron a las calles;
todos se reconocían, le hacían un lugarcito
al otro, cerca; bien cerca para que entraran todos bajo el
mismo cielo, ese que lloraba en llovizna por la emoción
y alegria. Los vecinos volvían a ofrecer su mesa al
desconocido y volviamos a probar sus platos; ésta vez,
re-saborizados con la histórica solidaridad Provinciana
y degustados con la emoción del re-encuentro.
La Argentina Oficial tenía y lo demostraba en los hechos,
algún pudor que –aún- no le permitía
ir más lejos con su autoritarismo y <recorte>
formal de nuestros Derechos; solo se limitaba a controlarnos
y tolerarnos, al igual que una Tía solterona y malhumorada
a quien le dieron la <sublime> tarea de cuidarnos.
No lo podían evitar y nosotros para no ser menos, hacíamos
cómo que lo lograban, pero La Constitución y
la Libertad que nos negaban la conseguiamos si la necesitabamos,
también <de facto>, invocando a algún
cura, militar o policía que nos conociera o a nuestra
familia, para cuándo estábamos fuera de la Patria
chica; nuestro barrio.
Hubo un 25 de Mayo en que la Argentina Oficial no <recitaba>
discursos con <el machete> en el atril. Sino que bailaba
sin
guardia pretoriana, con toda su memoria emocional e histórica
a la vista de todos.
Era evidente que sentia la emoción de ver un pueblo
en Liber-
tad y disfrutando del espectáculo alegórico
a nuestra historia
ésa, la mal contada,peor entendida casi siempre y también
manipulada.
Las tias de Latinoamérica festejaban <de onda<
junto a noso-
tros y se comprometían con nuestro futuro; ahora sabían
que
en ello; también se <jugaba> el suyo.
Así fue la <gestación>; el ensayo individual
de indiferencia hacia la suerte pública del otro, la
que se inmortalizaría en el <por algo será>
o el <algo habrán hecho> que muchos declamaban
pomposa y <argentinamente> años después.
Era la infancia que dolía en sus contradicciones; en
el albún de figuritas nunca completado y era la adolescencia
en la Argentina Oficial del tener que <darse cuenta>;
creciendo, entendiendo de a poco, que no todo lo aprendido
era verdad, o bien que no servía de mucho fuera del
hogar.
Hubo
un 25 de Mayo en que sentimos que a todos nos importaba la
suerte pública y privada del semejante.No habia policias
ni hacian falta. Se cuidaban entre todos y además;
estaba la Nación con sus Derechos Garantizados.
En que pudimos entender las contradicciones y completar asi
el albún de los próceres y por sus obras distinguir
a los
cipayos de los leales.
Fue el día en que intuímos que es mejor la verdad
y que ella
nos debe acompañar y servir en todos lados, sin importar
el
costo.
Era –también-, la Argentina Creadora y Vivible
del Di Tella; la del nacimiento del Café Concert, la
de los cines y teatros llenos de expectadores en todas las
funciones diarias; la de pizzerias y restaurantes donde siempre
hacía falta un <lavacopas> porque al anterior
le había llegado a su realidad la famosa y en lenta
<retirada> <movilidad> social Argentina; ahora
era mozo o adicionista.
La de los hippies y el paraíso terrenal propio en El
Bolsón; la de Cortázar y la movida de literatura
latinoamericana; la del lejano genial y siempre sorprendente
Warhol y las canciones de los Beatles. La del Legendario y
envidiado Mayo Francés y los deseados viajes a Uruguay
para ver allá; del otro lado del río más
ancho y argentino del mundo, las peliculas prohibidas por
los Usurpadores de la Patria grande.
Hubo un 25 de Mayo en que pudimos contextualizar, recordar
y re-encontrarnos con una Argentina que fue pujante, servicial
e incluyente desde el trabajo y la creación industrial
o la solidaridad social. Ya no más en el lugar de plebeya
o súbdita de castas dominantes y graneros rebozantes
a costa del trabajo indigno de ciudadanos sin zapatillas.
La
Argentina real e ingenua del <cordobazo> y la vigilia
efervecente, a veces violenta y siempre esperanzada al Gral.
Perón y su regreso en un avión negro.
Nacía el rock nacional y La Balsa de Litto Nebia nos
prometía en cada club de barrio o fiesta de cumpleaños:
<conseguir mucha madera y construir una balsa… >
por que estaba <… en éste mundo solo y abandonado…>
y entonces sí, salir a <naufragar>.
Y mi generación la verdad que en ciertos aspectos salimos
y naufragamos.
Eran
–ya- los tiempos del <luche y vuelve> y la realidad
es que se luchó y también que volvió.
Objetivamente, es cierto que no quiso, no pudo o no supo.
Y tampoco contestar puntualmente la histórica pregunta;
¿< Qué pasa General, que está lleno
de gorilas el gobierno popular….>?
Esos <imberbes> ya estaban crecidos y <aprendidos>.
Aun en sus brios, no perdían de vista los ideales ni
olvidaban algunas clases elementales de física; el
agua y el aceite, no se juntan.
Por éstas y otras preguntas sin respuestas, es que
crecí escuchando sobre la violencia endógena
del peronismo; y era violento. Y a veces –también-
más que eso.
También entendi con los años, que puede haber
tantos peronismos, como peronistas.
Casi como ocurre con Dios, todos tenemos una concepción
propia del que nos gusta, queremos o nos conviene en lo personal.
Hubo
un 25 de Mayo en que <uno> de los peronismos era Gobierno
y organizó la Fiesta del Bicentenario más compleja,
emotiva y representativa de nuestra historia. Sin almidón
ni frases hechas. Sin patrioterismo militar ni demagogia politica.
Donde los pibes de 15 y las señoras de 60 años
encontraron el punto de fusión; La Marcha de San Lorenzo,
al pasar <el Cruce de los Andes>; el respetado y emotivo
silencio ante el
paso de los símbolicos pañuelos blancos que
–aún- nos acusan.
Era la Argentina real de mi infancia y adolescencia,, que
a la distancia compartía el sueño de Luther
King y su convicción de plantar un árbol aunque
muriera mañana y la que deseaba la ideal América
del Sur del <Ché> Guevara.
La de los libros prohibidos y conseguidos más caros,
pero pagados con billetes arrugados y atesorados porque eran
propinas de las señoras del barrio, esas que hacían
de sus casas la continuación de la nuestra.
Era la Argentina Absurda de La Patagonia Rebelde; de El Evangelio
de Solentiname, Teorema y algunos otros libros que ni recuerdo,
pero sí que guardabamos fuera de la casa en lugares
neutrales. Eran prohibidos y no podíamos <enredar>
a los padres con esas beleidades o rebeldias de <nueva-oleros>
con pajaritos en la cabeza.
Era
la Argentina Oficial solemne y represiva, para una sociedad
pacata y con <snobismos< europeos, pero de mentalidad
medieval; respetuosa y servil de las convicciones ajenas y
casi nunca de las propias.
Era
–ya- la adolescencia idealista e irreverente que intentaba
desde la bonomía, incluir en nuestro ir más
allá de la patria chica, a quienes entendíamos
entrampados en un entrejido de prejuicios generacionales,
religiosos siempre absurdos.
"Los filósofos no han hecho más interpretar
el mundo, lo que hace falta es transformarlo…"
diría Martín Luther King.
Y esa era la idea; transformarlo.
El
25 de Mayo reciente, sentí y entendi –justamente-
eso, que hay un cambio de paradigmas. Que hay una verdadera
transformación que la sociedad en su mayoría
acompaña y por supuesto, dónde –ya- no
hay lugar ni para hablar en chiste de <crispación>,
por que sería de mal gusto y peor intención.
LLegó el momento de decir piedra libre para los verdaderos
<crispados> que están haciendo <tranferencias<
detrás de las cortinas de las redacciones.
<Ya nunca me verás como me vieras…recostado
en la vidriera, esperándote….> dice el Tango.
Esto
es un recambio generacional a cargo del timón de La
Nación, ahora se nota mas claramente?
Todavía me emocionan ciertas voces…. decia J.C
Baglieto ante una multitud festiva…eufórica y
en paz, sin crispación.
Todavia
me emocionan ciertas voces
todavia creo en mirar a los ojos
todavia tengo en mente cambiar algo
todavia y a dios gracias todavia
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