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Mastellone
piensa en la sucesión de La Serenísima
El 98% de los acreedores de la empresa aceptó cobrar en 2018
una deuda que vencía en 2011. Con autocrítica, apunta
a Brasil y a segmentos menos regulados por el Gobierno.
El
sueño de la inmensa mayoría de los gerentes de marketing
es tener una marca tan potente y asociada con la calidad como La
Serenísima. La pesadilla de cualquier empresario grande es
que su propia empresa pierda $ 270 millones anuales, con una deuda
de US$ 222,5 millones y sin visos de solución al respecto.
A mediados del año pasado, Pascual Mastellone –dueño
de la mejor marca del país, pero tapado por las deudas–
estuvo a punto de tirar la toalla. No podía afrontar el pago
de una emisión de Obligaciones Negociables y salió
a pedir auxilio. “Hubo una ayuda de Danone, una compensación
por anticipado de unos pocos días”, confiesa Mastellone,
en el primer reportaje después del acuerdo preventivo extrajudicial
(APE), por el cual el 98% de sus acreedores aceptó cobrar
en 2018 una deuda que originalmente fue pactada para 2011 y 2012.
La
posibilidad de un acuerdo con la francesa Danone –a la que
Mastellone le vendió su rentable línea de yogures
y postres en los 90– causó malestar en el Gobierno.
El ex presidente Néstor Kirchner se comprometió personalmente
(en plena campaña electoral de las legislativas que perdió)
en ayudar a Mastellone y así salió un préstamo
del Banco Nación.
La
láctea tuvo problemas financieros en los 80, antes del inicio
de la convertibilidad y en la devaluación. Ahora, ejecuta
un plan del banco Merrill Lynch para volver a encarrilarse. “Me
sentía vencido, era como si me hubieran ganado. Era algo
espiritual, por eso tomé la decisión de buscar un
socio”, detalla, con su tono pausado, pero con el alivio de
alguien que se liberó de una gran carga. “Cambié
de opinión por el apoyo de la familia, del fondo Dallpoint
(tiene 30% de la empresa) y algunos acreedores. Ellos me dijeron
que me seguían en la dirección que quisiera tomar.
De todas formas, hay pocas personas que se desvivan por participar
de la industria láctea, con una rentabilidad del 2%-2,5%”,
dice, en referencia a los márgenes de su compañía.
“Don
Pascual”, como lo llama su entorno, empieza a pensar en su
sucesión. “Esta empresa la van a heredar tantos primos
que va a ser complejo que se pongan de acuerdo. Lo único
que anhelo es que si un Mastellone lleva las riendas de la compañía,
cuide a los productores y la calidad que nos caracteriza”,
reflexiona. “Tiene que venir la profesionalización
de la compañía. Es feo decirlo, pero una vez que yo
no esté al mando, la empresa tiene que seguir”, expresa.
¿Cómo
hará la empresa para no volver a quedar al borde del incumplimiento
de deudas?
El plan es preparar toda la cuestión financiera para abrir
el capital de la empresa, pagar la deuda y generar nuevos ingresos
tanto por nuevas líneas de productos como de expansión
en otros países. Nosotros somos fuertes en leche fluida (más
del 80% de mercado), pero en quesos no llegamos ni al 5% del mercado.
¿Y
quesos es una categoría donde están librados del acuerdo
de precios con el Gobierno?
Este año, la leche va a seguir controlada. Como está
dentro de la categoría de productos masivos, el tope de aumentos
es del 7%. Para los productos selectivos (más caros que los
masivos, pero que no llegan a premium), la Secretaría de
Comercio autoriza hasta 14%. Y en los premium, el incremento puede
llegar hasta el 19%.
Pero los precios de los lácteos aumentaron más del
7% al que usted se refiere.
El acuerdo que tenemos con la Secretaría de Comercio es de
un aumento de hasta 15% para todo el año en el promedio de
los productos controlados. Todavía este año no llegamos
al 10% de incremento. Hubo un aumento en enero y otro en abril.
¿Cómo evalúa la política lechera desde
el Gobierno?
Hay un 10% menos de producción, pero creo que es por una
serie de factores. Hubo mal clima y eso complicó. El Gobierno
dejó las compensaciones a los tamberos y eso hizo la situación
más libre, porque las usinas lácteas estamos pagando
más para conseguir materia prima. Hay una colaboración
entre el Ministerio de Agricultura, la Secretaría de Comercio
Interior y las empresas para que los tamberos no lleguen a un punto
de enojo en que terminen reaccionando por cierto malestar. Me parece
que hay consenso para evitar esa reacción, que los ánimos
sean más calmos.
¿Cuánto
se les está pagando a los productores?
El precio es bastante acertado, de $ 1,20-$ 1,30 por litro, contra
$ 0,80 del año pasado. Igual, nuestro precio en góndola
es barato en relación con lo que sale la leche en otros países.
Estamos hablando de $ 3,30-$ 3,40 por sachet, es un importe que
no se ve en otro lugar del mundo para un producto de tanta calidad.
¿El
acuerdo es que abastezcan al mercado interno a cambio de que les
liberen las exportaciones?
Hay menos leche, un 13% o 14% menos. El 80% de la producción
se la lleva el mercado interno. El saldo exportador es poco, por
lo menos hasta mediados de año. A partir de julio se va a
empezar a exportar, y los precios internacionales tenderían
a mejorar entre agosto y septiembre. La tonelada de leche en polvo
va a estar cerca de los US$ 3.500. Es mejor que el precio de 2009,
pero lejos del pico que se alcanzó en 2008 (rozó los
US$ 5.000).
¿Qué
hace La Serenísima que no hacen las otras marcas para estar
al tope del ranking por dos años?
Hablamos un lenguaje claro, que se entiende. Le prestamos mucha
atención a la calidad. Sabemos que estamos en la mesa y eso
nos confiere mucha responsabilidad. En los malos momentos, no cambiamos
la actitud. Tenemos consistencia en el tiempo.
¿Por
qué una marca tan valorada no logra ser una empresa rentable?
Hubo situaciones que se dieron en el país, que nos exceden.
Y también hay errores nuestros. Nos dejamos estar en la modernidad,
tenemos una parte electrónica muy atrasada. También
estamos arrancando tarde en quesos, pero creo que lo vamos a remontar.
www.ieco.clarin.com,
16 de mayo de 2010 |