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| Un
hermano de Torcuato, Diego de Alvear, se destaca en la historia
familiar por su refinamiento y costumbres muy al estilo europeo.
Fundador del Club del Progreso, ministro plenipotenciario
en Inglaterra, cuando asume la presidencia de la República
el general Roca, ofrece un baile cuyo boato trasunta el abandono
de las austeras costumbres tradicionales, refería Beatriz
Bosch, de 75 años en 1994.
"En
su casa -refería Carlos de Alvear- la actual Bolsa
de Comercio, en Sarmiento y 25 de Mayo -hasta donde llegaba
en ese momento el Río de la Plata- decidió dar
un baile en honor a Roca. Esas invitaciones por primera vez
llevaban al pie, la sigla R.S.V.P.
Y
hubo dos chistes al respecto: unos dijeron que significaba
'Roca será vuestro presidente'. Otros, como
acababa de morir el suegro de Diego, Juan Fernández,
hombre de gran fortuna, creyeron ver en las iniciales: 'Reventó
suegro vomitando plata'." |
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| "Desde
la Medea -memoraba don Carlos de Alvear, su tataranieto (1907-2001)-
Diego y Carlos (arriba su imagen) verían como hundían
la Mercedes con toda su familia a bordo. Las cenizas del barco -que
estaba a unos 200 metros- les cayeron sobre las manos." Quizá
marcado por este dramático episodio, Carlos, el hijo sobreviviente
llegaría a ser el general Carlos María de Alvear,
diputado de la Asamblea Constituyente de 1813 y, en 1815, Director
Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Don
Carlos de Alvear recuerda: "Nadie sabe muy bien porqué
Carlos Antonio -que así se llamaba- se sacó el Antonio
y se puso María, como segundo nombre. Quizá se lo
haya puesto en honor de su madre, muerta en el naufragio...",
sospecha. |
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| El
esplendor de Diego fue mantenido por su viuda, Teodelina
Fernández, quien brindó fastuosas recepciones
a principios de este siglo, y por las mansiones de sus hijas,
Josefina de Alvear de Errázuriz y Elisa de Alvear
de Bosch, las que actualmente albergan el Museo Nacional
de Arte Decorativo y la Embajada de los Estados Unidos de
América, respectivamente.
Con
Marcelo T. de Alvear (1862-1942) llega al apogeo la trayectoria
cívico-política de los Alvear. Presidente
de la república desde 1922 al 28, fue el menor de
los siete hijos de Don Torcuato de Alvear y de Doña
Elvira Pacheco, Félix Luna lo describe como "un
niño bien, criado en un hogar de los primeros de
la sociedad porteña, en un palacio situado en Juncal
1082, esquina Cerrito".
Cuando
se dividió la Unión Cívica en 1891,
Marcelo se mantuvo al lado de Alem. En 1893 participó
en la frustrada revolución radical, pero para ese
entonces ya era el lugarteniente de Yrigoyen, dice Luna.
Abogado, nunca tuvo necesidad de ejercer la profesión.
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| "TORCUATO"
ANTONIO DE ALVEAR Y SAENZ DE LA QUINTANILLA, nacido en Montevideo,
Uruguay el 23 de Julio de 1822, bautizado allí el 24 de Julio
de 1822 (Catedral Metropolitana de Montevideo). Hacendado de la
Pcia. de Buenos Aires, Diputado Nacional, el 14 de Mayo de 1880.
El Presidente Julio Roca lo nombra Primer Intendente Municipal de
la Capital Federal 1880-1887. Falleceria el 7 de Diciembre de 1890.
Junto a María Elvira Dolores Pacheco Reynoso seria padre
de 8 hijos, entre ellos el futuro presidente Marcelo Máximo
Torcuato de Alvear Pacheco |
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| Cuando
muere su padre, Marcelo es sumamente rico. Don Torcuato
le deja una buena fortuna: una estancia en el partido de
Las Conchas, "El Recreo" (2.500 Ha.); otra, "Chacabuco"
(18.000 Ha.) y una tercera, "Ituzaingó",
en La Pampa (100.000 Ha.)
El
ganado que poblaba estas propiedades no bajaba de 25.000
vacunos y 50.000 lanares, asegura Luna. Gran deportista,
especialmente hábil en el tiro con revólver,
la natación y el box, que practicaba junto a Jorge
Newbery, formaban parte de su vida ociosa y agradable a
principios de siglo, según Luna. |
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La
familia Alvear se reune luego de conmemorar el centenario
del hundimiento de la fragata "La Mercedes", hecho
acaecido el 5
de octubre de 1804 sobreviviendo Diego de Alvear
y su hijo, Carlos. Revista Caras y Caretas del 15 de octubre
de 1904 |
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| Con
la bendición del "Viejo" (Yrigoyen)
es electo presidente en junio de 1922, dice el historiador.
"Tiene un corazón grande, generoso y manso, vigilado
permanentemente por su férrea voluntad. Muchos lo creen
un hombre mediocre. No lo es. Ocurre que todo ha sido fácil
para él..."
Los
avatares de la historia indican, sin embargo, que no fue fácil
para Marcelo T. de Alvear procesar y remontar errores políticos:
para muchos, la esencia del antipersonalismo que lideraba,
prefiguró el golpe de 1930. Tampoco le fue fácil
conquistar el amor de una mujer, cuya exquisita sensibilidad
artística le robaría el corazón para
siempre. Pero esa es otra historia.
Silvana
Iglesias |
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