Brochacitos de mi ciudad:
Las Primeras Dalias
IN
minuto, siñora, in minuto. Déqueme poner este
mantón de nardo a l'embudo.
— ¿Son las primeras dalias?
— Sí, siñora, dalia premeriza. La dalia
también tiene suo orguyo come il crisantemo. Con
coatre dalia de deferente color, s'adorna dobidamente ina
mesa, s'adorna.
— ¿Cuándo llegarán los primeros
crisantemos?
— Al mes que viene, siñora, propio in abril.
Dorante il mes de marzo, la dalia comanda la parada in todo
¡o poesfo di lo florista.
— ¡Qué hermosura!, ¿no ?
— Son la dalia doble, dalia a fior de captus, con
lo fleco que se parece al flequiyo de la niña siñorita
inmelenada. ¿Coánta yeva?
— Cinco.
— L'haré la cumbinasiún dil colorido:
ina bianca, ¡mírela!, cuasi propio come in
crisantemo; ina granate, otra culorada, ina solferino, e
l'otra amariyenta. ¿Quiere yevarse ina media docena
de nardos?
— Prefiero los gladiolos.
— Al gladiolo todas las viecas creoyas lo conocen
por vara de San Cose. Ma pero come nusotro semo liberal...
¿Qué más, siñora?
— Unas dalias sencillas.
— ¿Pondremo ina docena?
— Media.
- La dalia senciya también tiene suo orguyo de fior,
ma pero no tanto come la dalia doble, dalia a fior de captus.
— Caras, ¿ eh ?...
— ¡Ah, siñora!... Il coltivo de la dalia
nechésita mucho coidado. La dalia dequenera d'in
año
para l'otro. Con la dalia pasa lo mismo que con l'hico de
lo rico. Trabaca el vieco per hacerse d'ina fortuna, e coando
le viene l'hora de la crepasiún, l'hico, qu'está
in pelandrún dequenerao, impieza, dáguele
farra d'in lao e garufa de l'otro.
— ¡ Qué lindas rosas!
— ¿Ponemo due pimpoyite?
— No. ¿Pretende que me lleve un jardín
a casa?
— ¡Ah la rosa, siñora!... Ha sido, está
e será la reina de toda la fiori.
Caras
y Caretas del 19 de marzo de 1927