Nos
referimos al señor Anselmo R. Tarana.
Es
él, tipo del caballero sin tacha, lombardo de nacimierto.
Pertenece, pues, á la raza más vigorosa de la
bella Italia. Frisa en los cuarenta años y hará
cerca de quince que llegó á nuestro pais.
Ha viajado mucho: Rusia, España, Austria, Alemania,
Noruega Dinamarca, Inglaterra, Francia, Norte América,
en todos esos países ha puesto en juego para el trabajo
su laboriosa actividad.
Como
todo luchador ha tenido alzas y bajas, pero no se ha desalentado
y cada vez que ha caído, se ha vuelto levantar armado
de mejores bríos y de confianza absoluta en la victoria.
Varias
veces se ha acostado millonario, y ha despertado al día
siguiente sin un céntimo. ¡La Bolsa! Esa ha sido
su roca tarpeya, al par que su capitolio. Pero él,
como hemos dicho, no se ha abatido jamás, y siempre
sonriente, con esa sonrisa que es el distintivo de los hombres
fuertes, ha vuelto á recomenzar la batalla de la vida.
Hombre
de ilustración nada comun, posee esa rara energía
de los espíritus escogidos, rebosantes de salud la
que se exterioriza por ese buen humor que le es inseparable.
Habla
ocho idiomas con una corrección admirable.
Cuando
llegó á Buenos Aires, con una sola y rápida
mirada se dio cuenta de la situación; sin embargo,
estudió el medio durante algunos días, para
corroborar sus primeras impresiones. Un mes después,
entró en acción, dando principio en nuestro
país á su brillante carrera de comerciante afortunado.
Sin
reparar en precio, arrendó a la municipalidad en 80.000
$. por cinco años, el restaurant Palermo, y con prodigiosa
actividad ha hecho de él un centro de cultura y entretenimiento
muy difícil de hallar semejante ni aun en las mismas
capitales europeas.
Tal
como está actualmente, es sin duda alguna el paraje
más pintoresco de Buenos
Aires.
Todo
el servicio es allí eminentemente yankee, así
como el confort y la hábil distribución de los
salones reservados.
Una
deliciosa orquesta traída expresamente de Milán
deleita con escogidos trozos musicales á la culta y
numerosa clientela del restaurant.
Y
como si eso no fuera suficiente, el señor Tarana posee
cinco automóviles que de un modo gratuito traen y llevan
á sus domicilios á los clientes que lo solicitan.
Basta
pedir un automóvil por teléfono número
185, Palermo U.T., para ser atendido inmediatamente.
El
restaurant Palermo es ya el sitio predilecto de nuestra «haute»
en estas noches estivales.
Este
hecho insignificante al parecer, pone de manifiesto la simpática
personalidad del señor Tarana, y lo coloca en puesto
de honor entre los inmigrantes honrados, laboriosos y emprendedores
que han hecho su segunda
patria de la patria argentina.
Deseámosle
el éxito más halagUeño en sus empresas.
NOTA.
— El restaurant Palermo (antiguo Hansen), está
situado en la Avenida Sarmiento, pasando la vía del
Ferrocarril Central Argentino."
Caras
y Caretas del 5 de diciembre de 1903 |