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mayo de 1903 celebrados con éxito los denominados "pactos
de Mayo" que establecieron el fin de una larga etapa
de tensión y conflicto entre Chile y Argentina, la
delegación del país hermano visitó Buenos
Aires.
Su
arribo fue, sencillamente apoteótico, siendo objeto
(o víctimas, según su grado de resistencia)
de una inacabable sucesión de agasajos, paseos, actos
y homenajes; literalmente el pueblo de Buenos Aires se asomó
masivamente al puerto y a las calles para saludar a sus ilustres
visitantes, acompañándolos durante toda su estadía.
Una
difícil etapa había concluído y en aquellos
albores del siglo naciente ahora sí, podía aventurarse
un imparable siglo de paz y progreso.
El
grandioso recibimiento a los delegados chilenos fue un exitoso
ensayo de lo que serían los fastos del cercano Centenario.
Entre
las atracciones figuró una deslumbrante iluminación
nocturna de Buenos Aires, ardua labor que estuvo a cargo del
director General de Instalaciones Eléctricas, Mecánicas
y Alumbrado de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires,
el joven Jorge Newbery, de apenas 28 años de edad,
y que desempeñaba su puesto desde el año 1900,
y que conservaría hasta su trágica y prematura
muerte el 1 de marzo de 1914 en Mendoza.
De
esta manera lo expresaba la revista Caras y Caretas en su
edición del 30 de mayo de 1903:
"Verdaderamente
feérico y maravilloso ha sido el aspecto de Buenos
Aires por la noche, desde la llegada de los delegados chilenos.
La
plaza de Mayo era una ascua inmensa, emergiendo con su quiosco
central radiante de colores, en el vasto cuadrilátero,
en cuyos lados, al fondo, surgía la casa de gobierno
perfilada de luces eléctricas y coronada por
el gran sol, abriéndose en 8 haces marcados en el firmamento
que llegaban á gran distancia; á la derecha,
el Banco de la Nación y la Catedral; á la izquierda
el Congreso y los edificios particulares, destacándose
tras las bombas de colores; y allá, al frente, la Avenida,
multicolor, indescriptible en la calzada cubierta de arcos
y banderas, y blanqueada por la fantástica iluminación
de los edificios que irradiaban sus rayos á la pintoresca
escena de la calle, ocupada por miles y miles de espectadores,
en un ir y venir incesante.
Al
final de la Avenida el nuevo palacio del Congreso, con su
andamiaje cercado de lamparillas eléctricas, rodeaba
el inmenso pórtico especialmente arreglado para las
fiestas, representando con toda fidelidad el que se alzará
á la terminación del edificio. Los escudos chileno
y argentino formados en agradables combinaciones de color,
destacábanse en todas partes." |