LA ENTREVISTA
Mariano
de Vedia venia ocupando el tercer puesto, en el escrutinio
de la provincia de Buenos Aires, entre los candidatos a diputados
nacionales del partido conservador.
Casi
al término de la operación, al escrutarse los
votos de Patagones, cuando ya se tenia a Vedia por indudablemento
reelecto, una sorpresa del escrutinio lo desalojó de
aquel puesto y lo dejo fuera de la Camara.
El
hecho ha sido tan lamentado por las simpatías que el
candidato goza,que resolvimos visitar al señor Vedia
y pedirle sus Orientaciones y tendencias para el porvenir.
Nos
recibió en su casa, con la más abierta cordialidad,
y a nuestra primera pregunta respondió rápidamente,
afectando
indecisión:
— Me habla usted de un asunto que no he resuelto todavía.
—
Sin embargo, díganos algo — le le observamos.
—
Estaba interesado en resultar electo o reelecto, desde que
ya estaba en cuestion: pero no resulte...
—
El público ha cavilado entonces más que usted
mismo.
— Yo no puedo cavilar. ¿Cómo quiere que
cavile? La cavilación tiene su despreocupación
gráfica en una mano que se hunde en una cabellera revuelta.
Los calvos tienen que pasar rápidamente a otra cosa
cuando una termina.
—
Tero debe haber recibido usted muchas manifestaciones
afectuosas...
— Y muchos pésames, entre los cuales algunos
que me han llenado de emoción.
Angel Lima me proponía una tarjeta impresa que dijese
abajo de mi nombre: «Muy agradecido».
Yo le objeté: ¿Dónde has visto tu que
el muerto agradezca por si mismo?»
En cuanto a la familia, no se ocupa de política.
—
¿Este contraste electoral operará el milagro
de la resurrección de Juan Chancio?
— Es posible; pero hay muchos muertos que no se matan
ni a cañonazos, o porque se hacen los zonzos, o porque
lo son en realidad, o porque se ha apoderado de ellos, en
la soledad y la meditacion obligadas de la tumba, la extraña
voluptuosidad de no ser.
—
No lo concibo a usted en tales disposiciones.
—
Hablábamos de Juan Cancio.
En cuanto a mi, pienso que la vida es como el block del periodista
y que hay que vivirla hoja por hoja, hasta que se acabe.
Quedan aun en el mio muchas carillas... |