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En
1931, el entonces embajador frances en la Argentina, Georges
Clinchant se asociaba a los propósitos publicados en
la Revue du commerce extérieur (Revista de comercio
exterior), que analizaba la propaganda germana a través
de películas que afirmaban que Rusia y Francia habían
provocado la Gran Guerra, cuya víctima propiciatoria
era Alemania. En este punto, y refiriéndose al público
argentino, Clinchant insistía sobre los efectos desastrosos
que esos films tendrían "en este pueblo superficial
y crédulo al extremo".
La
imagen de los argentinos no había cambiado en 1939
cuando el embajador Peyrouton informaba al canciller Georges
Bonnet sobre el restablecimiento de la influencia gala que,
a sus ojos, había disminuido durante el gobierno del
Frente Popular en Francia. En un largo documento que evidencia
su ideología, el hombre que pronto sería ministro
del interior de Vichy y como tal firmaría el primer
estatuto de persecución a los judíos, terminaba
diciendo que dada la intensa propaganda de los adversarios,
Francia tenía que acentuar la suya, "porque los
argentinos, a causa de su sensibilidad a flor de piel y de
su capacidad de entusiasmo, eran dóciles a todas las
propagandas".
Cuando
en Francia querían ser ricos "como un argentino",
La Nacion, Domingo 13 de febrero de 2000 |