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"En
esta estructura social -que poseía sus propios méritos-
la mujer estaba relegada a la casa y no se esperaba ni se
habría aceptado que su actividad trascendiese a la
vida política..."
Hipodromo,
Gran Premio de 1905
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| Eva
recoge el guante...
El
Jockey Club jamás invitó a la pareja presidencial
a "clásicos" en los cuales la asistencia
la asistencia del primer mandatario de la Nación estaba
consagrada por la costumbre.
Cometiendo
el mismo error que Eva , su hermano Juan Ramón presentó
su candidatura para ingresar como socio al mismo Jockey Club,
y recibió la bolilla negra simbólica del rechazo.
Eva cobró venganza haciendo instalar un puesto de venta
de pescado putrefacto en la puerta frontal del club.
En
un reportaje periodístico, el cronista pregunta a Eva:
"¿Y que piensa de las damas de la Beneficencia?"
"Que
son todas viejas y feas y por eso se dedican a eso como un
"hobby" más o menos aburrido. Ellas son las
que dan limosnas. Los niños que ellan intentan salvar
no olvidarán jamás que ellas fueron sus verdugos.
Por eso mis hogares serán generosamente ricos. Más
aun, quiero excederme en eso. Quiero que sean lujosos. Precisamente,
un siglo de silos miserables no se puede borrar sino con otro
siglo de hogares excesivamente lujosos". |
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"Lo
que eriza la pudibundez de esa sociedad es la amenaza implícita
contra el régimen y estilo de vida privilegiados
que son su privanza..."
(Imagen
de la pelicula Evita, 1996)
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Como
ocurre con frecuencia, la acrimonia de sus palabras está
atemperada por un hecho redimente. A poco, hace esta declaración:
"Mañana
serán habilitados en todo el país cuatro mil
comedores escolares instalados en las escuelitas del interior,
a fin de que los niños que a ellas concurren reciban
una abundante alimentación.
Estos
cuatro mil comedores escolares beneficiarán a quinientos
mil niños a quienes también mi obra de ayuda
social hará llegar nuevamente equipos de ropa, calzado,
medicamentos necesarios para atende su salud, golosinas y
juguetes, de modo que esas criaturas, que tienen aún
una visión imprecisa de las cosas no recojan por herencia
la amargura que provocan las necesidades".
El
incidente con la Sociedad de Beneficencia aguijoneó
en Eva la decisión de expropiarla de sus vastos recursos
y sustituirla por otra entidad concebida bajo otros cánones.
Ansiaba, asimismo, desvanecer la imagen que la oligarquía
se empeñaba en atribuirle: la de una mujer resentida
contra una sociedad que se negara a satisfacer sus ambiciones
arribistas.
Eva
fue muy sensible a esta campaña: "Dicen que soy
una resentida social. Y tiene razón mis críticos.
Pero mi resentimiento no es el que ellos creen. Mi resentimiento
social no viene de ningún odio, sino del amor: del
amor por mi pueblo, cuyo dolor ha abierto para siempre las
puertas de mi corazón". |
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Eva
Peron durante una visita a la ciudad de Santa Fe
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| A
partir de entonces, Eva comprendió cuál era
su senda. Al regresar de Tucumán, habló por
radio: "Experimenté algo vivo, práctico,
ansioso de vida y calor... Un mandato imperativo de ayuda
al que sufre, de asistir al caído. De acuciar el vencido.
De alentar al bien intencionado, al digno". A través
del contacto físico con las multitudes, va cristalizando
su destino.
Y
entonces las gentes advirtieron que en la Argentina ocurría
algo inesperado y fascinante: sin buscarlo y sin desearlo,
Eva compartía ya con Perón el centro de la escena,
bañada por la luz de los reflectores de la celebridad.
Ella
es la insurgencia de clases sociales hasta entonces preteridas,
la discípula que sobrepasa al mentor y que empieza
a volar al impulso de sus propias alas. Ella es la intransigencia,
el rechazo del compromiso. Ella es lo absoluto. Tal es la
causal inconfesada por la que la aristocracia la condena a
una cuarentena social y la convierte en blanco de sus ataques.
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"Eva
Perón significaba la pulverización de esos
cánones tradicionales..."
(Imagen
de la pelicula Evita, 1996)
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"Esa
aventurera"
Más
que el pasado nebuloso de la ex actriz, lo que eriza la pudibundez
de esa sociedad es la amenaza implícita contra el régimen
y estilo de vida privilegiados que son su privanza: hogares
victorianos, sólidamente anclados en confortables y
espaciosas mansiones, numerosos hijos, vacaciones anuales
en Europa y en la opulenta estancia, práctica del deporte
del polo para los muchachos, abonos al Colón para las
hijas, adhesiones al "Círculo de Armas" o
al Jockey Club para los hombres y a la Sociedad de Beneficencia,
para las mujeres; relaciones con el alto clero y la marina.
En esta estructura social -que poseía sus propios méritos-
la mujer estaba relegada a la casa y no se esperaba ni se
habría aceptado que su actividad trascendiese a la
vida política.
Eva
Perón significaba la pulverización de esos cánones
tradicionales.
Ella
abría la brecha a través de la cual podrían
desbordar torrentosas corrientes aprisionadas secularmente.
Cierta gente la tenía por más iconoclasta que
Perón, más voluntariosa y dinámica, capaz
de traducir en hechos aquello que en el presidente se limitaba
a los amagos verbales o actitudes gesticulantes. Se temía
que el creciente ascendiente de Eva lograra precipitar a Perón
a adoptar medidas extremas.
Eva
era la amenaza. Una "aventurera" dispuesta a jugar
desaprensivamente con el futuro del país, tal como
algunos estancieros e industriales concebían dicho
futuro, es decir, como la estagnación del presente
o, mejor aún, como un retorno al pasado.
En
la trinchera opuesta, para los trabajadores y sus mujeres,
Eva asumía la virtualidad de una esperanza de redención,
la luz al fondo del túnel que atravesaban desde hacía
tantos años.
Eva
era lo insólito y la alucinante promesa de una redención
insospechada. El pueblo argentino comenzó a observar
hechizado cada uno de sus actos y a acompañarla con
su adhesión. Muy pronto vendría la devoción.
Controvertida
por unos, menospreciada por otros, enaltecida por el bajo
pueblo, Eva fue mostrando que, como los Atridas, era vástago
de esas estirpes singulares de seres que, en la tempestad,
atraen magnéticamente al rayo.
En
esos términos quedaba planteado el conflicto. Pero
antes, Eva Perón decidió ofrecerse a sí
misma unas vacaciones... |
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"Oligarcas
eran los miembros de la "Unión Democrática",
los terratenientes, la burguesía industrial, la aristocracia
social y hasta los simples opositores a Perón..."
En
la imagen vemos a las señoras Maria Elina Peralta
Alvear de Lainez (abuela de Mónica Cahen D'Anvers
Láinez), Justa Esther Dose de Zemborain y Laura Pacheco
de Del Solar Dorrego acompañadas de los señores
Norberto Lainez (yerno de Maria Elina), Manuel Augusto Rodriguez
Pividal y al ministro de Guerra, general Pertine. Pertine,
es ministro de Guerra desde marzo de 1936, cuyo mandato
concluira el 20 de febrero de 1938. Nacido
en 1879 falleceria en 1963. Es abuelo de Ines Pertine Urien,
quien seria primera dama argentina entre los años
1999 y 2001, al estar casada con el presidente Fernando
de la Rúa. (Caras
y Caretas del 4 de septiembre de 1937)
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| No
volveran jamas...
Para
Eva Perón, "descamisado" era concepto antinómico
de "oligarca". Concebía a esta última
como una categoría hermética, egoísta
y expoliadora del trabajador. Extraña a sutiles distingos
teóricos, para ella era oligarca aquel que no adhería
a la doctrina y praxis peronistas.
Oligarcas
eran los miembros de la "Unión Democrática",
los terratenientes, la burguesía industrial, la aristocracia
social y hasta los simples opositores a Perón. A ellos
oponía el "descamisado", quintaesencia de
virtudes peronistas, a quien no debía confundir con
el burócrata parasitario, incrustrado en las propias
filas del partido. Su maniqueismo era absoluto, pero equivocado.
Simplificando
la lucha clasista hasta sus motivaciones elementales Eva se
situó rabiosamente del lado de los humildes y oprimidos,
en contra de los opresores y soberbios. "Todo lo que
se opone al pueblo me indigna hasta los límites extremos
de mi rebeldía y de mis odios", bramará
pocos días antes de morir.
Con
el don premonitorio que invade a quienes saben que van a morir,
Eva presagió la proclividad de Perón y del peronismo
a agudizar sus peores defectos. "Yo sé que la
oligarquía, la que estuvo en la plaza San Martín,
no volverá más al gobierno; pero no es eso lo
que a mí me preocupa. Me preocupa que pueda retornar
a nosotros el espíritu oligarca. A eso es a lo que
tengo miedo, y mucho miedo, y para que eso no suceda he de
luchar mientras tenga un poco de vida -y de he luchar mucho-
para que nadie se deje tentar por la vanidad, por el privilegio,
por la soberbia y por la ambición".
Alfonso
Crespo, "Eva Peron, viva o muerta", 1978 |
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"Eva
era la amenaza. Una «aventurera» dispuesta a
jugar desaprensivamente con el futuro del país..."
(Imagen
de la pelicula Evita, 1996)
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