La
jornada del 17 de octubre en "Miss Mary" de María
Luisa Bemberg y Jorge Goldemberg según el argumento
de Beda Docampo Feijóo y Juan Bautista Stagnaro,
con la participacion de Julie Christie, Luisina Brando,
Nacha Guevara, Eduardo Pavlovsky, Gerardo Romano, Iris Marga,
Guillermo Battaglia, Bárbara Bunge, Sofía
Viruboff, Donald Mc Intyre y Regina Lamm, entre otros.
En la otra version, la protagonista observa sorprendida
la manifestacion preguntandose "¿Quien es esa
gente... de donde viene?"
Hacia
el mediodía unas cincuenta mil personas se hallaban
ya congregadas frente a la Casa Rosada, mientras continuaban
afluyendo columnas densas de hombres sudorosos y fatigados,
vestidos algunos con simples mamelucos y alpargatas, muchos
con los torsos desnudos o los pies descalzos que refrescaban
en las fuentes ornamentales de la Plaza de Mayo.
Sin
cesar, la muchedumbre se desgañitaba en canciones,
estribillos y "slogans" cuyo único lema era
Perón: "Yo te daré. Te daré Patria
hermosa. Te daré una cosa. Una cosa que empieza con
P: Perón!"... "Queremos a Perón"...
"¡Libertad, libertad!" "Pe-rón,
Pe-rón, Pe-rón", bajo la percusión
acompasada y sorda de los bombos convocatorios.
Espectadoras
de su propio drama, las clases altas de Buenos Aires, engaritadas
en sus apartamentos, observaban estupefactas a esos ríos
humanos que inundaban las arterias de la ciudad, en dirección
a la Plaza de Mayo.
Nunca
los porteños asistieron a espectáculo semejante:
miles y miles de "cabecitas negras", hombres de
over-all, hasta entonces relegados a los extramuros, señoreando
ahora en el corazón de la urbe, pisoteando sus atildados
parques y sirviéndose del agua cristalina y rumorosa
de sus fuentes esculpidas en Francia.
Era
una invasión ruidosa y pacífica que capturaba
Buenos Aires por sorpresa, sin asaltos ni depredaciones. Por
medida de precaución los comercios habían cerrado;
pero nadie apedreó los escaparates ni saqueó
las mercancías.
"Espectadoras
de su propio drama, las clases altas de Buenos Aires, engaritadas
en sus apartamentos, observaban estupefactas a esos ríos
humanos que inundaban las arterias de la ciudad, en dirección
a la Plaza de Mayo..."
Numerosos
manifestantes agobiados por el calor de la tarde, optaron
por despojarse de sus camisas. Este desvestirse en público
-hecho inusitado dentro de los acartonados reglamentos municipales-
dio origen a que al día siguiente, "La Prensa"
calificase a los infractores como "descamisados".
El despectivo apelativo fue invocado por los peronistas como
etiqueta identificatoria.
En
adelante, ellos se auto denominarían "descamisados",
parodiando a los "sansculotte" de la revolución
Francesa y, con similitud menos distante, a los "camisas
negras" de Mussolini. El vocablo de obvia intencionalidad
demagógica fue incorporado al folklore político
y aunque legítimamente aplicable a los estratos inferiores
del pueblo, resultaba incongruente su referido a los dirigentes
sindicalistas, siempre muy bien vestidos con camisas de popelina
o seda inglesa cuando no asistían a reuniones gremiales.
Eva
popularizaría el apelativo: "Ese nombre, que quiso
ser infamante, envolvió como una bandera la obra del
general Perón y de sus fieles compañeros".
Sus futuras arengas estarán precedidas de las palabras:
"Mis queridos descamisados"... o "mis queridos
'grasitas'", denominación esta última probablemente
acuñada por ella.
Alfonso
Crespo, "Eva Peron, viva o muerta", 1978
"Ella
es la insurgencia de clases sociales hasta entonces preteridas,
la discípula que sobrepasa al mentor y que empieza
a volar al impulso de sus propias alas. Ella es la intransigencia,
el rechazo del compromiso. Ella es lo absoluto..."
Ev
Peron visitando la ciudad de Santa Fe
El
17 de octubre
El
17 de octubre de 1945 los hechos se desataron de abajo hacia
arriba. Nadie pudo prever que al final de ese largo dia algo
iba a cambiar para siempre en la Argentina.
Desde entonces, y por muchos años, los protagonistas
serian Peron y Evita, pero ese dia fue el pueblo el desencadenante
y el actor principal.
En
el desconcierto de esas horas previas, Evita no actuo como
revolucionaria sino como mujer enamorada. (La verdadera activista
fue Isabel Ernst, secretaria y amante de Mercante, que conocia
muy bien a los sindicalistas y dirigentes de la CGT). Evita
solo pensaba, al decir de Bramuglia, en "salvar a su
hombre". El pueblo, en cambio, habia intuido que aquel
era el momento de su propia epopeya. Era la Argentina profunda
y viva la que se iba acercando a la capital. La multitud sudorosa
y cansada, pero sonriente, se sentia por primera vez protagonistas.
Para ellos, Peron representaba el cacique con que habian soñado
sus ancestros indigenas, el caudillo que habia guiado a sus
abuelos gauchos en las guerras civiles, el padre poderoso
que velaba para que fueran tratados con justicia: sueldos
dignos, vacaciones, aguinaldos... Mientras tanto su lider,
recluido en el Hospital Militar, se limitaba a callar y esperar,
intuyendo que era lo mejor que podia hacer.
Fueron
horas decisivas que cambiaron para siempre la situacion. Ese
dia Peron tomo conciencia de su poder
"Quisiera estrecharlos sobre mi corazon como lo haria
con mi madre", habia dicho al pueblo. Nunca nadie les
habia hablado antes asi. Tambien ellos tomaron conciencia
de su poder: eran muchos; la ciudad (a la que la mayoria veia
por primera vez) no era tan inalcanzable ni sus habitantes
tan superiores. Por su parte, Evita penso que debia todo a
Peron y al pueblo que lo habia apoyado. En ese instante decidio
dar "la vida por Peron", no en forma simbolica sino
con todo lo que esto implicaba
Lucia
Galvez "Las mujeres y la patria", "Eva Peron:
la argentina mas famosa"
En
Caras y Caretas del 21 de mayo de 1921 vemos al profesor
Angel Arias y al Teniente 1º Juan Peron, "que
realizaron un asalto a espada en la fiesta social que se
realizo en el Centro 3 de Febrero" de Villa Urquiza.
El
8 de octubre cumpliria 26 años. En 1925 contraeria
enlace con Aurelia Gabriela Tizón, maestra de 23
años que falleceria en 1938.
PERON
Y EL DEPORTE
En
octubre de 1917 habia comenzado a participar de la campaña
del Destacamento del Arsenal Esteban De Luca como ayudante
del Jefe de la Unidad y, a partir del 16 de enero de 1918,
pasado a revistar en dicha unidad.
Ese mismo año se consagra campeon militar y nacional
de espada.
Trasladado al arsenal de guerra, el 31 de diciembre de 1919
con el grado de Teniente 1º, pasa a revistar en la Escuela
de Suboficiales Sargento Cabral. Alli organizo el curso de
instructores, dedicado al cultivo de deportes.
Su permanencia se prolonga hasta el 31 de diciembre de 1924,
en que se produce su ascenso a Capital e ingresa en la Escuela
Superior de Guerra.
Entusiasta
cultor del deporte en sus más variadas formas, Perón
trata a lo largo de
su vida de que la práctica deportiva se encarne en
el pueblo. Ya en sus primeros
destinos –la escuela de Suboficiales, el regimiento
12 de infantería– el joven oficial
organizaba encuentros y campeonatos de fútbol, atletismo
y boxeo. Participaba o no en
aquellas actividades, según el caso, junto con los
aspirantes y soldados, pero cumplía
siempre a la perfección su papel de organizador de
las actividades físicas de sus
subordinados.
Tiro,
esgrima, equitación, esquí, andinismo, fueron
algunos de los deportes que
Perón practicó con mayor intensidad. En Chile,
Italia y Mendoza, se hizo muy estrecho
su contacto con la montaña, que para él no guardaba
secretos.
Lejos
de circunscribir su accionar a las tareas de preparador, Perón
alentará el
semillero de campeones que constituyen los modestos clubes
de barrios, y centros
deportivos en Paraná, Santa Fe y otras ciudades donde
cumple destinos militares.
Tampoco es un secreto que la unidad selecta que comanda, o
sea, la Primera Compañía
de la Escuela de Suboficiales, ha cosechado bajo su capitanía
la casi totalidad de los
campeonatos nacionales por espacio de más de diez años.
Del célebre maestro de la
escuela italiana, Ernesto De Marinis, el cadete Juan D. Perón
ha recibido las primeras
nociones de esgrima, que irá perfeccionando a lo largo
de una actividad deportiva tan intensa como rica en triunfos.
Campeón
de espada del Colegio Militar en 1912 –el trofeo fue
el primer regalo del cadete a sus padres y estuvo expuesto
en el Museo de Lobos–, seleccionado para las olimpíadas
quince años después, las pedanas más
acreditadas del país han tenido en Perón un
cultor diestro, avezado, digno discípulo de aquel legendario
"campeón de campeones", como en su hora bautizaron
a De Marinis. Todavía en Mendoza, en 1941, acudía
el coronel a las clases del profesor italiano Enrique Battagliese,
"para no perder la mano", como Perón confesaba
al doctor Ruiz Villanueva, presidente del club Gimnasia y
Esgrima.