Concurrentes
al banquete en honor del representante de Mexico brindado
por el ministro de Relaciones Exteriores.
En la imagen vemos "al doctor Gallardo, ministro de
Relaciones Exteriores; el doctor Sagarna, ministro de Instruccion
Publica y numerosas personalidades del cuerpo diplomatico
extranjero, rodeando al obsquiado, don Enrique Gonzalez
Martinez, despues de la demostracion que le fuera ofrecida
con motivo de ausentarse del pais, ocasion que dio lugar
a que se pusieran de manifiesto las generales y vivas simpatias
que supo granjearse el distinguido diplomatico durante su
brillante actuacion entre nosotros"
Revista Caras y Caretas del 26 de julio de 1924.
En
la foto puede apreciarse la escalinata de ingreso al Jockey
que conducia desde el vestibulo de recepcion hacia el interior,
y sobre el rellano de la escalera, la celebre Diana de Falguiere,
acaso insignia de otro simbolo como el club mismo lo era.
Durante
medio siglo presenció el cotidiano ingreso de los
socios del Club y fue admirada por los visitantes ilustres
que eran llevados a conocer la sede del Jockey, por entonces
uno de los edificios más importantes de la ciudad.
Muchos fueron, con el tiempo, quienes ascendieron por la
espectacular escalera y pasaron a su lado.
La
contemplaron príncipes y presidentes; la Infanta
que enamoró a Buenos Aires durante las fiestas del
Centenario; el Príncipe de Gales –el futuro
y efímero Eduardo VIII de Inglaterra–; duques,
almirantes, embajadores monárquicos y republicanos,
intelectuales argentinos y extranjeros, y a todos cautivó
con su gesto casi alado.
El
deslumbrante efecto que causaba, envuelta por la luz cenital
que caía sobre ella a través de los vitraux
d’art del techo, fue sin
duda un motivo más que suficiente para que la turbamulta
que asaltó la sede del Club el 15 de abril de 1953
se ensañara cruelmente con su delicado cuerpo marmóreo.
La
Diana fue derribada de su pedestal por la escalinata en
medio de una demencial y paroxistica exaltacion que arrojo
al fuego tapices, muebles, la biblioteca y la valiosa pinacoteca;
de este modo, ardieron obras de Goya, Vanloo, Corot, Monet,
Raffaeli, Carriere, Harpignies, Soroll, Anglada Camarasa,
Figar, Fader, Bermúdez y Lagos que se perderian para
siempre.
Mutilada,
Diana sobrevivio a las irracionales tempestades para continuar
poseyendo, orgullosa, su lugar de emblema de una institucion
que tal como ella misma y como aquellos antiguos marmoles,
las incurias del tiempo padecidas solo contribuyen para
evocar y ostentar su secular nobleza.