| Benito
Lynch
La
Pampa Sola
Narró
las tragedias de un paraíso gauchesco. Vivió
encerrado en su laberinto de soledad. Un creador angustiado
"Y
la pobre muchacha, después de enjugar sus lágrimas,
continuaba hilando en silencio su ingenua y dolorida querella
contra el inglés de los guesos"
James,
el hijo del mar, se ha ido. Ha fallado el conjuro de Balbina,
y al darse muerte la hija de la pampa nace, inevitable, el
prestigio literario de Benito Lynch, un hombre extraño.
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| Benito
Lynch (1880-1951), Prisionero del desierto
Nació
porteño en 1880, con el nombre de su padre, un hombre
severo, y el amor de su madre, la abnegada Juana Beaulieu,
uruguaya. Muy niño lo perdió la ciudad y lo
conquistó el desierto, establecidos los Lynch en la
estancia "El Deseado", partido de Bolívar,
a treinta leguas del ferrocarril.
Será
en esa vasta y angustiosa soledad de su infancia, pampa desnuda
imaginada por literatos, sabida por peones y reseros, donde
Benito encuentre los motivos de su estricta prosa. Abrevando
en los fogones, Lynch no fue sino el cronista de las pequeñas
tragedias veladas por un extenso laberinto sin muros.
Lo
obsesionó la pampa, aunque tempranamente la abandonara.
"Un día empezó a notar que corríamos
el peligro de hacernos gauchos", y don Benito mudó
a sus hijos a La Plata. Su tema iba a ser el campo, pero ya
no dejaría Lynch la casona de la diagonal 77, salvo
para veranear en El Deseado, prontamente vendida, y pulir
la forma de sus recuerdos.
Comenzado
el siglo muere su padre y Benito ingresa en el diario "El
Día", de La Plata, en calidad de cronista social.
Las bodas, los bautismos y los muchos apellidos lo abruman
y el tedio le arranca su obra maestra que cierra el gran ciclo
de la literatura pampeana, iniciado por La Cautiva, coronado
por Fierro y Sombra. Era el apogeo de la popularidad de Lynch,
escritor acuartelado tras una verja platense.
Su
oficio lo enfrentaba con la para él horrorosa posibilidad
de la confidencia. "Aprendizaje de la soledad",
diagnosticó Ulises Petit de Murat, su biógrafo.
"Una vida rica en misterio, a la que faltaron signos
exteriores por una dura voluntad de reserva que aspiraba a
hacer de la propia existencia una especie de gran secreto,
íntimo y personal".
Así
de incógnita fue también su vida sentimental.
Joven, tuvo fama de "calavera", pero no han perdurado
las huellas de sus amoríos. La única fisura
en el bien construido enigma de su soltería se llamó
Tita French.
Hubo
un noviazgo formal e intolerables rencillas con su futura
suegra. Harto de la mamá de la novia, su despedida
fue un tanto descortés: "Hasta el valle de Josafat,
señora", desestimándose cualquier compromiso
hasta el día del Juicio Final. Ese solo desengaño
lo confinó al celibato. "Me he quedado solterón
-confesó cierta vez a Ernesto Barreda-. He admirado
tanto a la mujer, que tal vez por eso no me he casado". |
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Su
padre, Benito Jose Lynch casado con Juana Beaulieu: "Un
día empezó a notar que corríamos el
peligro de hacernos gauchos", y don Benito mudó
a sus hijos a La Plata".
Su
padre, Benito Lynch Andrade, habia nacido el 6 de marzo
de 1852 y fallecido el 8 de marzo de 1902 en La Plata, provincia
de Buenos Aires.
Junto a Juana Beaulieu, fallecida el 11 de noviembre de
1937, en la misma ciudad, tuvieron 11 hijos.
Habian contraido matrimonio el 12 de agosto de 1876,
Benito Eduardo fue su tercer hijo, nacido el 25 de julio
de 1880 y fallecido el 23 de diciembre de 1951. |
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| Se
lo llamó misógino, pero la clave estaba en
el pasado, como todas las claves. A él volvía
para recuperar la pampa en sus escritos, y a él para
diseñar una edípica figura de mujer. La incomparable
Juana Beaulieu vivió con Benito en la casa de la
diagonal hasta 1937, año en que murió. La
orfandad inevitable fue suplida con otra mujer.
Saturnina,
una maestra, ingresó durante años en la guarida
del ermitaño platense para mecanografiar sus borradores.
Nada más sabemos de la índole de esa relación.
Apenas unos dedos ágiles sobre el teclado y, acaso,
un silencioso dictado. El amor trágico y oscuro de
sus obras faltó en su vida.
Hostigado
por los cumplidos de sus colegas, rechaza toda clase de
entrevistas, salutaciones y premios desde su escondite.
Ya no escribe. Aguilar le propone publicar su obra completa
y él no acepta la oferta. Tampoco permite el lanzamiento
de nuevas ediciones de sus libros agotados.
A
los sesenta años se enclaustra definitivamente en
su casa, incursionando raras veces en secretos paseos por
la ciudad. Se sustrae gradualmente a ese mundo infinito
que describía en sus paisajes pampeanos. Cambia su
número telefónico, desconecta el timbre, responde
morosamente, para evitar el carteo, va clausurando o desmantelando
las habitaciones inútiles de su soledad.
En
1940 se estrena la versión fílmica de "El
Inglés de los guesos", dirigida por Carlos Hugo
Christensen. Lynch no asiste al estreno. La fama lo había
fastidiado al punto de recluirse. No era cosa suya la vanidad.
Sí la vergüenza. No había previsto que
su propio ser navegaría entre los personajes de sus
libros. "Estaban cargados de indicios de su intimidad:
mejor era dejarles aparte, como si se tratara de obras escritas
por otro", conjeturaba Petit de Murat.
Para
muchos era un hombre intratable. Para otros, un caballero.
Así lo describía Manuel Gálvez: "Benito
era alto, flaco, todo huesos y ángulos. Tenía
en su figura algo de quijotesco: luengos brazos, aire de
hidalgo, cuerpo erguido, rostro enjuto. Ya sordo y miope,
el Alonso Quijano de las pampas no vio el tranvía
que lo atropelló en noviembre del 48. Murió
tres años más tarde, enfermo de un cáncer
en el estómago. De haber tenido un amor, también
permaneció oculto entonces.
Hospitalizado,
lejos de la diagonal 77, a nadie participó de su
muerte. Así, solo, escapó hacia un imperio
hecho de horizontes, similar acaso a esa pampa idílica
y caótica que vio como en retazos y secretamente
añoró desde su voluntario encierro. |
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Su
abuela, Bernabela de Andrade.
Bernabela
Andrade Gómez, su abuela materna, habia nacido en
1827 y contraido matrimonio con Ventura Lynch Zavaleta (1828-1905),
juntos, tuvieron 9 hijos. |
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