| |
| |
| |
| En
apariencia, la vida de Benito Lynch es asombrosamente lineal.
Geográficamente, se limita a parte de la provincia
y ciudad de Buenos Aires, una visita esporádica a Uruguay
y muchos años hasta su muerte en la ciudad de La Plata.
Y, sin embargo, es una vida rica en misterio, a la que faltaron
signos exteriores por una dura voluntad de reserva que aspiraba
a hacer de la propia existencia una especie de gran secreto,
íntimo y personal.
El
25 de julio de 1880, en Buenos Aires, en la residencia de
sus abuelos, Ventura Lynch y Bernabela de Andrade, nace Benito
Eduardo Lynch, segundo hijo de Benito Lynch y Juana Beaulieu.
El
niño fue bautizado el 2 de junio de 1882. Susana Clauso
Royo, valiéndose de ciertos documentos, sostiene que
Benito E. Lynch nació en el Uruguay, en la residencia
de sus abuelos maternos. Esto ha generado un enigma que parece
haber sido resuelto a favor de la nacionalidad argentina. |
|
| |
| |
|
"Benito
era alto, flaco, todo huesos y ángulos. Rostro largo
y con alguna arruga., nariz corva, facciones finas, expresión
viva. Buen mozo. Tipo muy viril. Ojos grandes, de mirada
cordial y un tanto pícara. Tenía en su figura
algo de quijotesco: luengos brazos, aire de hidalgo, cuerpo
erguido, rostro enjuto. Me recibió muy sonriente
y con los brazos abiertos. No era, sin embargo, expansivo:
en esto, como en todo, tenía el sentido de la medida..."
Por
Manuel Galvez
|
 |
|
| |
| |
| SUS
RAÍCES
En
el siglo XVIII llega a Buenos Aires Patricio Lynch, señor
de Lydican (Irlanda). Se casa con una distinguida señorita
de la sociedad porteña, con típica modalidad
céltica. Al revés de lo que solía suceder
con los emigrantes del Imperio Británico, la familia
olvida su ascendencia europea y se mezcla decisivamente
en la vida nacional. El hijo de Patricio se incorpora al
ejército y participa en el Cabildo Abierto del 22
de mayo de 1810 y en la Asamblea de 1813. No es el único
miembro de la estirpe del escritor que muestra el ardiente
amor de los irlandeses por la libertad: Pedro Castelli Lynch
participa en la Revolución de los Libres del Sur.
A
partir de su fundador, la familia mantiene una posición
holgada en las mejores capas sociales. Está en sus
miembros presente una conciencia de clase destinada a batir
sus últimas olas contra las rompientes de un tiempo
nuevo de veloces transvases sociales y una potente clase
media sin tradición.
SUS
PADRES
Benito
Lynch (padre) conoce a una muchacha uruguaya, fina e inquieta,
muy religiosa y con la afición de gustar de la astronomía.
El noviazgo se anuda por un mutuo amor. Se casan pronto.
El viaje de luna de miel los trae a Buenos Aires, donde
se instalan en la casa de los padres del esposo. A Benito
Lynch (padre) no le gustan las tertulias, el vaivén
social donde está obligada a moverse su joven mujer.
Llegan los hijos, cuatro mujeres y seis hombres. Los varones
llevan todos el nombre paterno de Benito, aunque sea en
segundo término.
Benito
Lynch (padre), duramente enamorado de su mujer, hacia 1885,
decide alejarse de Buenos Aires. Lleva a Juana a la estancia
El Deseado. Es un campo áspero, en el partido de
Bolívar. El Deseado soporta el desafío a la
soledad angustiosa de la pampa; es casi un desierto.
Don
Benito fue intendente de Bolívar, legislador provincial,
intendente de la ciudad de La Plata, director del zoológico
y fundador del diario El Día. Estaba habituado a
ocupar situaciones destacadas y a la rutina del mando. Ante
los frecuentes regaños paternales, el paño
de lágrimas del niño Benito es su madre. Casi
todas las mujeres del escritor se alzan de esa clara fuente.
Por eso, son un poco irreales y menos perfiladas que los
hombres. La mujer está sujeta al hombre, como lo
estuvo Juana a Benito Lynch padre.
LA
INFANCIA
El
país del niño Benito
Los
primeros seis años de su vida en Bolívar coinciden
con la presidencia de Julio Roca. La pampa se abría
paso hasta las mismas puertas de Buenos Aires. Todavía
para embarcarse había que usar un bote, pues no se
habían hecho obras portuarias. La población
argentina era de 2.492.000 habitantes.
Se
iniciaba una era de expansión y desarrollo criticada
por Miguel Cané que dice: "Nuestros padres eran
soldados, poetas y artistas. Nosotros somos tenderos, mercachifles
y agiotistas. Hace un siglo el sueño constante de
la juventud era la gloria, la patria, el amor; hoy es una
concesión de ferrocarril para lanzarse a venderla
en el mercado de Londres".
A
pesar del ferrocarril que Dardo Rocha había extendido
hasta 9 de Julio, Junín y Alvear, las comunicaciones
con el mundo exterior no habían aumentado mucho.
La pradera de la pampa bonaerense seguía exclusivamente
dedicada a la ganadería, al extremo que la Pcia de
Buenos Aires producía menos trigo que Córdoba
o Entre Ríos.
Patrones
y peones, habituales clases opuestas, se unían en
cuanto el extranjero hablaba de las múltiples posibilidades
de un territorio que se negaba a aceptar métodos
agropecuarios avanzados. En ese contexto, donde regían
leyes imperiosas que lo subordinaban todo al paternalismo
del patrón, se desarrolla la infancia de Benito Lynch.
En
la estancia
El
padre no consigue cerrar el paso del hijo a los lugares
interdictos. Benito se acerca a la cocina de los peones
donde aprende giros y modismos gauchos y relatos. Benito
Lynch ya escritor decía: Tomo mis personajes de la
realidad, aunque acentuando o suavizando rasgos, según
mi criterio estético.
También
a la época de la infancia del escritor corresponde
esa afición por los animales, los caballos en primer
término, que le duró toda la vida. A veces,
en la fabulación del escritor, los animales, asimilados
a los conflictos humanos, hablan. Numerosos animales aparecen
en sus historias, pero la exaltación mayor, el mayor
acercamiento a la estatura humana, Lynch la fábula
en torno a los caballos. Lo que es más esencial,
toda la trayectoria de la simbiosis Benito-Mario, se hace
a través del ciclo del potrillo roano.
Regreso
a la ciudad
Hacia
1890 la familia se instala en La Plata, fundada hacía
ocho años y con un impulso progresista notable. Tenía
esta novedades extraordinarias, como el observatorio astronómico.
Era una época feliz, con la prosperidad dominada
por el signo de la espiga y el toro. Carne y cereales se
canjeaban por implementos y todavía sobraba dinero
para artículos suntuarios, como teatros o estatuas
de mármol de Carrara.
El
padre no quiere hacer de él un gaucho, sino un hombre
instruido. Este cambio de domicilio fue el primer dolor
de Benito. El encierro en su cuarto para estudiar con un
profesor contrastaban con los cielos abiertos, el horizonte
infinito y la gloria de las mañanas camperas. El
paraíso terrestre que era la pampa perduró
en él toda su vida, con intensa nostalgia.
Ya
lejos del campo, encuentra amigos en la ciudad, se dedica
a hacer deportes (remo, boxeo, esgrima) y desarrolla una
vida social donde se le adentra el lenguaje porteño.
Lo demuestra en el uso de palabras lunfardas en algunas
obras. |
|
| |
| |
 |
Retrato
de Benito Lynch por Emilio Pettoruti
"Muy
distinguido, con algo de gran señor, hablaba pulcramente,
sin criolladas ni chabacanerías. Nada dejaba ver
en su persona al hombre de campo, ni menos al escritor
profesional. Hablaba poco y bien, y con gracia. Como no
parecía gustar de la conversación sobre
libros, no daba la impresión de poseer una gran
cultura. Sin embargo, aquí y allí surgen
en sus cartas frases sorprendentes, hasta latines no vulgares,
y en su casa no eran pocos los libros..."
Por
Manuel Galvez
|
|
| |
| |
| |
| El
cronista social
Al
morir su padre, en 1902, Benito ingresa a la plana periodística
como cronista social del diario El Día, diario de que
su padre tenía acciones. Cronista social es lo más
lejano a su vocación, por ello, poco tiempo después
comienza a publicar esbozos narrativos, Cuadritos domésticos,
bajo el seudónimo de Thyon Lebic. Son cuadros de ambiente,
amagos irónicos, en una crítica de costumbres
al modo de Roberto Arlt.
Benito
lleva la doble vida de cualquier muchacho en la etapa de las
experiencias, pero sus amoríos no dejan rastros. Termina
por enamorarse de una señorita a la que todo el mundo
llamaba cariñosamente Tita. Es el principio de un noviazgo
formal que no dura demasiado: el carácter fuerte de
Benito lo lleva a chocar con su futura suegra. Un solo desengaño
que resulta enigmático descifrar, hace que Lynch se
instale en la soltería para siempre. No se sabe que
vuelva a estar de novio con una muchacha de su ambiente. Un
nombre, Saturnina, abre una hendija en las puertas cerradas
de este capítulo en la vida de Lynch. Era maestra,
y le pasaba los borradores a máquina. Y nada más.
El escritor
Luego
de dos años de periodismo intrascendente, una noche
le leyó a otro redactor del diario El potrillo roano.
Lynch dijo que había escrito es el cuento, años
atrás. Esto sugiere un largo camino de dudas en una
vocación casi desconocida para él mismo.
Benito
Lynch - medio frívolo, medio parrandero, un poco enamorado,
bastante dado a la haraganería y a la divagación
- se veía por primera vez como lo que iba a ser de
manera perdurable: un escritor.
Aunque
decía bromeando que su libro preferido era el diccionario
castellano, leía mucho. Había aprendido de memoria
largas tiradas de La Eneida o de La Ilíada. Más
tarde también, los pasajes más lindos de Don
Segundo Sombra. Era un autodidacta. Concurrió al Colegio
Nacional de La Plata. A través de sus obras hay menciones
de DAnnunzio, Valle Inclán, Zola, Dumas, N. Fernández
de Moratín, los novelistas rusos, los viajeros ingleses
que habían dado testimonio de la vida y paisajes argentinos.
Admiraba la grandeza de Balzac y se sentía influido
por Daudet y Zola.
Lynch
decía que trataba de no escribir nunca "por escribir".
"Cuando termino una novela, la abandono casi siempre.
Por el mayor tiempo posible, para olvidarme en cierto modo
de ella y volver a leerla, ya no como autor, sino como crítico".
Los caranchos de La Florida la escribió en tres meses
y la tuvo guardada cuatro años.
La
brusca fama que rodeó al novelista al aparecer Los
caranchos de La Florida le posibilitaron alabanzas de Manuel
Gálvez, novelista consagrado que se molesta en tomar
un tren desde Córdoba hasta Buenos Aires para saludarlo
personalmente. También es reconocido por Horacio Quiroga:
"Vaya mi homenaje a su talento, con la seguridad en mí,
de que si algún día hemos de tener un gran novelista,
ése va ser usted". Nada de esto provoca alegrías
exultantes o, al menos, alegría sencilla y lógica.
No abre su círculo estricto de amigos para incorporar
a algún escritor, la mayoría de aquéllos
son abogados.
Su
nombre ha trascendido en España. También en
Italia, donde se publica traducida Los caranchos de La Florida.
No consideraba la importancia que su obra podía tener,
como esclarecedora de un personaje que habían exaltado
Hernández, Estanislao del Campo, Hudson, Ascasubi,
Obligado, Hidalgo y Güiraldes. "Elegí al
gaucho como personaje esencial de mis obras porque ya es un
tipo hecho, completo". |
|
| |
| |
| "Entre
los escritores argentinos, escasos hubo tan caballeros como
Lynch. Inclusive sentía exageradamente el prurito
del honor, frecuente en los españoles. La franqueza
fue una de sus virtudes, y también la lealtad."
por
Manuel Gálvez
|
 |
|
| |
| |
| El
solitario
A
partir de 1923, en que deja la redacción del diario,
cada actitud de Lynch demarca un avance en el duro aprendizaje
de la soledad. Las transformaciones del país lo dejan
indiferente. Opina como un buen conservador de la época
de Roca. No hay eco en toda su obra de las consecuencias de
la Ley Sáenz Peña (voto secreto y obligatorio):
movilización popular y el acceso a la presidencia de
Hipólito Yrigoyen.
Después
de la muerte de los padres, la casa de La Plata se fue despoblando.
Juliana, la segunda hija, se había ido al casarse.
Tres años después moría en el Sur, tal
vez asesinado, Leopoldo, el compañero de la infancia.
Benito se refugió en ese reducto, arreglaba la mayoría
de sus asuntos por correspondencia. Tuvo en el patio de la
casa varios animales, hasta un yacaré.
A
ratos parecía interesarse más por el cuervo
o el carpincho que había llevado a su casa que por
la gente que lo reconocía en la calle, cuando salía.
Lo perturbaban con su deseo constante de saber cosas sobre
su técnica literaria y, lo más intolerable,
sobre su vida. Prefería las tertulias de El Día,
donde alentaba a los periodistas jóvenes o recordaba
con cariño a quiénes lo habían ayudado
en sus comienzos de escritor. Aunque sus libros estaban cargados
de indicios de intimidad, detestaba ventilar cosas íntimas
o meramente personales en el transcurso de un coloquio insustancial.
A
partir de la publicación de El inglés de los
güesos (1924) - obra luego adaptada para teatro y después
llevada al cine - se sitúo consagrado definitivamente
entre los escritores de primer rango. Formó parte de
la Comisión de Autores de la Primera Exposición
del Libro Argentino. Algunos, hablando de Horacio Quiroga,
dicen que ha sido igualado por Lynch en la difícil
técnica del relato breve. Esta le da una ubicación
literaria privilegiada, si se tiene en cuenta que Quiroga
no ha conocido rival como cuentista.
Con
el general Uriburu en el gobierno, estaban de nuevo en el
poder los conservadores, sector con el que tenía afinidad
- por razones de clase, ambiente y tradición - Benito
Lynch. Al decidirse la creación de la Academia Argentina
de Letras, se lo elige como integrante; pero, Lynch renuncia
por escrito a ocupar un sillón.
En
1935, se suicida su hermano Armando y dos años más
tarde, muere su madre, lo que aumenta su soledad y su dolor.
Cada gesto lo interna más en la soledad, a excepción
de las visitas y los juegos con sus sobrinos nietos. Algunas
salidas al cine, al Jockey para jugar a la brocheta o a conversar
con sus amigos. Nunca apuesta por dinero; su hermano Roberto,
jugador, ha perdido así su estancia. No bebe alcohol,
sino té con limón y mucho mate.
Dice
que después de los cincuenta años ningún
hombre debía comer carne. También predica contra
el cigarrillo. Mantiene su afición por la lectura de
libros de historia, de viajes, y relee los clásicos.
Cuando asiste a conferencias o conciertos en el Jockey, se
ubica en lugares apartados del salón principal, hasta
donde llegan los altavoces.
En
su sesión del 11 de agosto de 1938, el Consejo Superior
de la Universidad Nacional de la Plata, le otorga el título
de doctor honoris causa. La consagración universitaria
le plantea un problema: el presidente del Consejo es su amigo,
y en materia de amistad, Lynch tiene una delicadeza infinita.
Luego de leer los fundamentos de la honorífica decisión
acepta. La aceptación supone no tener que ir a recibir
el diploma. En 1941, con la publicación en La Nación
de Medallas de oro, Nuestra novela y Cartas y cartas, se despide
de la literatura. Es un enigma su corte de amarras con lo
que, de alguna manera, había sido su razón de
vivir. |
|
| |
| |
 |
"Sobre
esta sencilla mesa de trabajo, se ha realizado una obra
maestra: «Los Caranchos de la Florida» dice
la revista Caras y Caretas del 6 de junio de 1925
|
|
| |
| |
Últimos
años
Al
aislamiento de B. Lynch contribuyen en gran medida una sordera
y la creciente disminución de la vista. Esto le provoca
que lo atropelle un tranvía; víctima de una
conmoción cerebral es internado hasta que en algunos
días se recupera. Tres años después,
se interna muy enfermo aquejado de cáncer al estómago.
El 23 de diciembre muere en el sanatorio donde se hacía
asistir.
Lo
habían llamado maestro de las letras aquí y
en el extranjero; pero, a diferencia de sus contemporáneos,
desdeñó ejercer esa autoridad. Hubo en él
un afán claro de disminuir su personalidad de escritor.
Lo demuestran su rechazo a invitaciones para enseñar,
su negativa a cobrar derechos por las traducciones de sus
cuentos y novelas. A un pariente cercano que lo había
encontrado corrigiendo sus libros, le había comentado:
"Cuando uno es joven publica con mucha audacia. Los años
demuestran los errores, inclusive idiomáticos."
Fuente:
www.monografias.com |
|
| |
| |
 |
"Siendo
chicos nosotros, mi padre se vino del Uruguay y fue a instalarse
en Bolivar, que en aquellos tiempos era el desierto... Alli
nos criamos. Pero, un dia empezo a notar que corriamos el
peligro de hacernos unos gauchos.
Yo, sobre todo, que no salia del lado de los paisanos, a
caballo, enlazando, boleando... se vino, pues, la familia
a Buenos Aires y entre a estudiar..."
Declaraciones
de Benito Lynch a
Caras y Caretas del 6 de junio de 1925
|
|
| |
| |
| |
| |
| |
|