Falleció en Buenos Aires, a los 92 años de edad, Francisco
Guevara Lynch , médico abnegado que atendió diariamente su
consultorio con notable dedicación, hasta las vísperas de
su muerte repentina e inesperada. Pertenecía a viejas familias
criollas fundadoras de la Patria, que forjaron con su esfuerzo
la organización de la República.
Sus
dos abuelos, Juan Antonio Guevara y Francisco Lynch , participaron
en las campañas libertadoras de Lavalle y Lamadrid. Después
de la batalla de Quebracho Herrado se exiliaron en Chile y
se radicaron posteriormente en California hasta la caída del
régimen de Rosas.
Fue un médico de profunda fe cristiana y arraigadas convicciones
democráticas. De ideas socialistas, fue políticamente un lírico
que se opuso con énfasis a los sucesivos regímenes de facto,
soportando medidas persecutorias que sobrellevó con ejemplar
entereza, sin renunciar a sus principios republicanos.
Como
afiliado radical bregó en el seno de su partido por la defensa
de la libertad de asociación profesional, oponiéndose a toda
colegiación compulsiva. Elegido como presidente de la asociación
de médicos del Hospital Alvear, defendió su dignidad profesional
frente a los intentos de los distintos gobiernos de avasallarla.
Su
actividad pública lo condujo luego a la presidencia de la
Asociación de Médicos Municipales desde donde continuó postulando
los que fueron sus principios rectores y los ideales de su
vida. En el campo privado se especializó en medicina social,
higienista y laboral y actuó como perito ante los tribunales
del trabajo, desempeñándose también como jefe en los servicios
médicos de Grafa, Trapiche y otras empresas fabriles destacadas.
Desde sus funciones gerenciales se condujo defendiendo los
derechos de los obreros, con un profundo sentido tuitivo por
los desamparados.
Fue
en su juventud una brillante figura del incipiente rugby argentino,
llegando a integrar la primera división del Club Universitario
de Buenos Aires.
En
todos los ámbitos en que actuó puso en evidencia la bondad
de su carácter, la firmeza de sus convicciones y su preocupación
por el prójimo. Integrante de una vasta familia, deja una
notable cantidad de descendientes, sobrinos, sobrinos nietos
y bisnietos que lo tuvieron como el pater familiae
que hoy desaparece.
Su
lucidez intelectual, su claridad de pensamiento y su personalidad
carismática fueron un faro que iluminó a todos hasta el último
momento de su vida
La
Nacion, 12 de diciembre de 2004 |