Paso
a paso, los últimos momentos de Jorge Newbery.
Un reciente estudio reveló que el notable aviador
falleció durante una exhibición, no programada,
ante un grupo de mujeres
MENDOZA.-
"Llegan noticias del campo de aviación de Los
Tamarindos anunciando que el aviador Jorge Newbery al hacer
un aterrizaje llevando a Benjamín Jiménez
Lastra como pasajero, se mató. El señor Jiménez
Lastra se halla gravísimo."
Así, hace 87 años, La Nación informaba
a sus lectores sobre una de las noticias que conmocionaron
a la opinión pública de entonces. La máxima
figura de las alas y el deporte de la Argentina moría
en su ley, cuando se preparaba para cumplir otra hazaña:
el primer cruce aéreo de los Andes.
Mucho
se ha dicho de este Newbery polifacético, calificado
de sportman, que se ganó la admiración de
todos los argentinos, en un mundo sin medios de comunicación
masivos, como la TV o Internet. Las palabras del escritor
Belisario Roldán lo pintan de cuerpo y alma, al despedir
sus restos en la Recoleta:
"...ha
caído para siempre el que tenía el corazón
abierto a todas las emociones puras y la mano lista para
todas las lealtades; el que no necesitó dejar de
ser bueno para ser glorioso, y a quien la Providencia nos
arrebata en vísperas precisas de su hazaña
meridiana, como si hubiera querido ella misma conducirlo
de una vez a las alturas mayores de donde no se vuelve,
pero donde no se sufre..."
Ahora,
una recopilación de nuevos datos realizados por el
Instituto Newberiano y por el Departamento de Prensa de
la Fuerza Aérea, apoyada por bibliografía
extraída de "Newbery, el conquistador del espacio",
de Raúl Larra, y de "Jorge Newbery, padre de
la patria aeroespacial", del comodoro (R) Santos Domínguez
Koch, revela cómo fueron los últimos momentos
en la vida de este pionero.
Otro
récord en el aire
En
la cálida madrugada del 10 de febrero de 1914, Newbery
logra el récord mundial de altura (6225 metros) a
bordo de un Morane Saulnier de 80 HP en el aeródromo
de El Palomar. La máquina francesa, con su nuevo
motor Le Rhone, lo ha dejado maravillado. La considera apta
y confiable para los vuelos a grandes alturas, por lo que
su próximo objetivo, el cruce de los Andes, ya es
una decisión tomada.
Dos
semanas después, cuando se aproximan las fiestas
de carnaval, Newbery lleva su aeroplano en tren hasta Mendoza
para realizar las primeras prácticas en compañía
de su amigo, el aviador Benjamín Jiménez Lastra.
Los espera Teodoro Fels, quien cumplía allí
con una serie de exhibiciones aéreas con una máquina
similar a la de Newbery.
Luego de una serie de pruebas, decide volver a Buenos Aires
para efectuar los últimos ajustes a su aeroplano.
En la tarde del 1º de marzo, Newbery, Fels y Jiménez
Lastra regresan al Grand Hotel para preparar las valijas,
pero en el vestíbulo se cruzan con unas familias
amigas: los Ocantos, los Escalada y los Valiente Noailles.
-Jorge,
qué placer. Queremos verlo volar -dice una señorita.
-No tiene su aeroplano aquí -sale al paso Jiménez
Lastra.
-¿Y, Fels, no es cierto que usted tiene su máquina
aquí?
-Sí, señorita, pero a estas horas debe estar
desarmada. Ayer le di la orden a mi mecánico.
Newbery sólo se limita a sonreír y dirige
su mirada a Fels.
-Averiguá. A lo menor Bordone (el mecánico)
no lo ha hecho aún. Fels va al teléfono, mientras
ya son varias las damas que rodean al "dandy"
porteño, a quien no dejan de preguntarle sobre su
próxima travesía.
-¿Jorge, sabés lo que pasó? -inquiere
Fels-. Anoche, Bordone fue a un baile de carnaval y no desarmó
el Morane.
-Magnífico. ¿Le podrás decir a Bordone
que vaya con la máquina a Los Tamarindos?
-Ya se lo ordené -responde Fels.
Newbery busca con la vista a Jiménez Lastra.
-¿Querés volar conmigo, Tito?
-Con mucho gusto, Jorge.
-Bien, señoritas -enfatiza Newbery con una sonrisa-,
gracias al carnaval podrán asistir a una exhibición
aérea.
En varios automóviles, todos se encaminan al aeródromo.
Es una tarde apacible, con un cielo luminoso. Al llegar
al campo de Los Tamarindos, a contraluz, el sol recorta
la figura del Morane Saulnier de Fels.
-Ayer tiraba algo de ala izquierda. Me gustaría probarlo
a mí -dice Fels.
-¿No lo puedo hacer yo? -contesta cordialmente Newbery.
Fels no insiste.
Ya
a bordo de la máquina, la señorita que le
ha pedido que volara se acerca y le entrega una medalla
de la Virgen de Lourdes para que le diera suerte. Al tomarla,
Newbery advierte que no lleva consigo el retrato de su madre.
Será la primera vez que vuela sin su imagen que,
para él, es como un amuleto.
Eran
las 18.40. Se inicia el ascenso y la máquina comienza
a cabrear hacia la izquierda. Newbery intuye el peligro.
Aplica toda su destreza en enderezar el Morane. Ha prometido
a Fels, a sus amigos y a las mujeres, que desde abajo lo
siguen con admiración, que intentará un looping
para luego caer con pérdida de velocidad.
Listo para emprender la maniobra aprendida en Francia, Newbery
fija su vista en el horizonte.
Tiene
la sensación de que el comando no le responde, el
viento se torna huracanado y el aparato se estremece hasta
el último tornillo de su estructura.
-¡Agarrate bien, Tito! -grita a su amigo, con una
sonrisa, en medio del peligro. Newbery, a unos 500 metros
de altura, inicia el looping y el aparato se sacude. El
aeroplano va cayendo casi sin velocidad con el ala izquierda
pegada al fuselaje. Desesperado, se esfuerza por enderezarlo.
El
último intento
-¡Agarrate,
agarrate bien, Tito! -vuelve a gritar. Casi sobre el suelo,
cuando faltaban unos 30 metros, detiene el motor y hace
un último intento por enderezar el Morane Saulnier.
Todo
es inútil, cae en forma perpendicular sobre una acequia.
Jorge Newbery tenía 38 años.
Por
aquel entonces, el corresponsal de La Nación en Mendoza
informaba así lo sucedido: "...Fels y los espectadores
corrieron al sitio del siniestro. Newbery yacía muerto,
horriblemente destrozado. Jiménez Lastra se retorcía
en horribles contorsiones, habiendo perdido el habla y presentando
heridas espantosas".
Por
Ricardo Larrondo, La Nacion, Lunes 19 de marzo de 2001
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La
última foto tomada a Newbery, en su Morane
Saulnier, en Mendoza. Instituto Newberiano |