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| "Soy
un viejo jogui; esta usted ante
una persona que ha vencido al dolor".
La
mujer esta sentada con la espalda recta y las manos enredadas
en un juego de abalorios orientales. La mirada azul, los labios
pintados, la frente despejada y alta. Tiene acento extranjero
y una gracia seca, soberana. Hace decadas que se entrena en
el arte de hacer lo correcto en el momento justo. Toda su
vida consistio en una gigantesca, exhaustiva, abrumadora educ
acion. Eugenia de Chikoff, hija del conde Chikoff, vive y
actua con aquel dogma que reza que no solo hay que serlo:
sobre todo, hay que parecerlo.
Entrevista
de revista La Nacion, 22 de junio de 1997 |
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| "Ya
nada me hace sufrir. Tengo una edad matusalenica y diria que
desde perdi a mi padre ya nada me puede hacer sufrir. Lo he
visto todo. Se encuentra ante alguien que ya no tiene puntos
flojos en lo que a sufrimientos se refiere. Soy un viejo jogui.
Se dominarme. Se dominarme. He vencido al dolor..." |
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"Cuando
viviamos en Alsacia, en el campo, mi hermosa abuela temia
a las tormentas. Venia a mi cama, me despertaba, me contaba
leyendas donde siempre existia el diablo, y despues rezabamos
el rosario. Y asi creci. Pero no tan feliz, porque me faltaba
el padre."
Afuera,
en la calle, transcurre 1997. En el departamento donde Eugenia
da clases de gimnasia respiratoria y buenos modales, no.
El departamento queda en algun rincon de la China de los
años setenta. Sobre un pequeño estante apenas
elevado del piso hay libros, propios y ajenos, y fotos de
su padre. Eugenia nacio en la Argentina, fue educada en
Alsacia, tiene un hermano (Jorge) que vive en Paris y es
hija de padres separados.
"-Mi
padre era ruso en 1921, vino a instalarse definitivamente.
Mi madre era alsaciana. Mi padre era muy buen mozo, muy
instruido. A los 23 años, hablaba nueve idiomas.
Mi madre era una mujer muy virtuosa. Se separaron cuando
eramos muy pequeños. Viviamos en Alsacia con mi madre,
y ya de grande cada uno eligio. Mi hermano, como dice el
psicoanalista, se fue con la madre. Eugenia, con el complejo
de Electra bien pronunciado, con el padre."
Ella
sonrie y el conde vigila, la sigue donde vaya. La adiestro
para ser a su imagen y semejanza. Ella lo sabe y lo ama
por eso.
-Mi
madre puso al lado de mi padre a este sabueso femenino,
la hija, para que el jamas pudiera casarse. Y fueron ahuyentadas
todas las candidatas serias. Las no serias me divertian
muchisimo. Era tanto el exito del don juan paterno... Pero
con las serias aparecia ¡Eugenia! Y decia: Mañana
me tomo el avion y me voy de aca, con mama". Doce horas
despues, todas las grandes fogatas sentimentales de mi padre
se apagaron. De ninguna manera queria perder a la hija que
el habia adiestrado.
Un
producto a la medida: una proporcion exacta de germanos
y eslavos con la picardia necesaria de las esquinas porteñas.
-Yo le espantaba sus pretendientes, y el los mios. Porque
yo era irremplazable. Dos veces me enamore profundamente.
Pero mi padre, que veia bien porque no estaba enamorado,
me hacia ver la equivocacion. Me hablaba, yo sufria, lloraba,
y luego evolucionaba. Por eso creo que he vencido al dolor
y me he dedicado al projimo. Mi padre era un donjuan. El
no podia ser fiel porque era muy hermoso, y cuando un hombre
es muy bello, las mujeres son atraidas como los insectos.
No era un hombre para casarse.
Un
buen sabueso tambien tiene paciencia. Esta mujer tiene la
paciencia necesaria para dejar que la vida pase y la cubra
con un manto fresco del mejor olvido.
¿Como se llamaba su madre?
-Maria Aurelia... No, que digo Maria Aurelia. Esa es una
tia. Maria Adela. Maria Adela. Y mi padre... mi padre me
idolatraba
El
conde, que daba clases de comportamientos sociales, crio
un pichon de profesora, una entidad casi perfecta que seguira
sus instrucciones hasta el ultimo suspiro. Eugenia continua
con la escuela de su padre.
-Son
seis o doce clases. pero su yo considero que todavia no
aprendio, le doy clases gratis hasta que aprende.
Adoso a la escuela clases de extraña gimnasia respiratoria,
invento propio que la ayuda a tener el mismo talle, peso
y musculatura que a los 16 años: 53 kilos, exacta
elasticidad.
-Yo
me levanto a las 5,30 y hago calistenia en el balcon, que
es una esgrima con bastones. Lo hago con un paraguas; hago
un nudo en el aire y le puedo arrancar la cabeza a cualquiera.
-¿Se
defendio de ese modo alguna vez?
-Si, en Mar del Plata. Era muy jovencita. El padre de una
amiga me dijo un piropo cuando estaba patinando en la pista
de hielo, un piropo absolutamente fuera de lugar, porque
sabia quien era yo: la amiga de su hija.
Respira,
como diciendo "Cuidado, ahi vengo yo con mis patines"
-Me olvide del poder de la velocidad en mi brazo. Tenia
en la mano el filo del patin de hielo, lo tire en forma
de calistenia y el individuo cayo sobre la vereda, se golpeo
y se fracturo la mandibula y una cantidad de huesos. Sali
al dia siguiente en el diario de Mar del Plata, y tuve que
irme porque todo el mundo me miraba con terror.
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Eugenia
aún continúa brindando clases y participando
activamente de conferencias y charlas, para más
información, se puede acceder a su Facebook con
solo poner su nombre
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«educacion
es saber bailar como toca la musica. No asombrarse de nada
ni de nadie. Estoy para enseñar control»
condesa
Eugenia de Chikoff
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Parece
empeñada en mantenerse fuera del alcance de los hombres.
Cualquier sacrificio es bueno si se trata de mantener una
conducta. Gracias a eso, a su ferreo dominio sobre si misma,
su padre le permitio viajar durante la juventud por todo
el Oriente, sola. Es maestro kung fu y conoce casi todas
las artes marciales. Estudia el idioma chino desde hace
28 años, sabe digitopuntura, acupuntura, estudio
parapsicologia, convivio con monjes tibetanos.
-En
la Edad Media, los soldados estaban vestidos con un caparazon
de hierro. La educacion me dio ese caparazon de hierro.
Mi padre me lanzo al universo, porque estaba muy seguro
de su producto. Que nada ni nadie podria corromper, porque
tenia clavados en el cerebro como clavos de Geniol la educacion
y la instruccion. El que tiene una solida instruccion puede
atravesar el fuego como una salamandra, sin quemarse. Yo
jamas me senti tentada. Esta usted ante una persona que
no sabe lo que es una boite, que no tiene vicios salvo la
lectura, que jamas fumo.
No
le gusta jactarse de nada. Para decir que sabe muchos idiomas
prefiere reconocer que puede "andar por este planeta
y conversar mas o menos con todos los terraqueos, facilmente".
Se llama a si misma solterona, y aclara que nunca sintio
rencor, envidia, ganas de ser madre ni pena por la soledad,
porque su corazon es un rascacielos habitado por todos sus
alumnos. Hoy es una estrella de la television. Trabajo con
Julian Weich durante dos años, y ahora comparte con
Antonio Gasalla un sketch en su programa de los viernes
("Gasalla me ha dado el honor de incluirme en su ilustre
compañia", dice). Hay que verla alli, cuajada
de elegancia, enfrentando a personajes como Silvia Suller,
que en medio del te bien servido se quito casi toda la ropa.
Eugenia
no habia visto en su vida a Silvia Suller, ni sabia quien
era. Le dijo: "No me parece reprochable su actitud.
Solo me molesta si una persona roba o si es una mujer, que
tenga los muslos demasiado hospitalarios". El estudio
se vino abajo de aplausos y la Suller, despistada, preguntaba:
"¿Que quiere decir eso?".
-Yo
no juzgo ni me siento incomoda. Siempre pienso que lleva
a una persona a hacer lo que hace. Yo eso no lo puedo criticar.
Quiero vivir y, por ende, dejo vivir. Cuando veo algo que
me parece que esta equivocado, tengo que pensar que es lo
que ha pasado para resbalarse de esa manera. Pero nunca
critico, porque nunca se que me espera mañana
Tiene
una vision casi salvadora de su funcion en el programa.
No va a divertir o entretener. Va a sembrar la semilla de
la buena educacion.
-Nunca
se quien va a ir. Es top secret. Estoy fuera de libreto,
sin saber lo que va a pasar. Pero educacion es saber bailar
como toca la musica. No asombrarse de nada ni de nadie.
Estoy para enseñar control.
-Pero
el fin del sketch es divertir
-No, la idea es marcar. Por ejemplo, el otro dia, cuando
vino Nelly Lainez y se coloco la servilleta en el cuello,
dije: "No me meto en la vida privada de nadie, si veo
a alguien disfrazado con una servilleta, no digo nada".
Pero ya marco que es un disfraz
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En
una nota periodística publicada por el Diario La
Razón en mayo de 2002, se mencionaba que la condesa
reside en un loft en el barrio de Palermo, en las calles
Córdoba y Mario Bravo y que es posible cruzarse con
ella en el colectivo de la línea 106
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Ha editado dos libros: "Cultura social, buenos modales
y cortesia" y "Corazon de mujer". Hace equilibrio
entre lo kitsch y la elegancia anacronica, entre la tolerancia
del presente y la nostalgia del pasado.
Es la muchacha suave como un durazno que antes de educar a
las personas aprendio a educar a un loro que se llamaba Francisco
Jose. Durante un año y medio emborracho al animalito
mientras le recitaba un poema de Campoamor de 13 estrofas,
con la esperanza de que el bichito lo repitiera. El conde
la perseguia con la teoria de que si no podia educar loros,
tampoco iba a poder educar personas.
El
resultado fue que un buen dia Francisco Jose se puso a recitar
medio beodo el poema en cuestion y el conde entendio entonces
que Eugenia era capaz de cualquier cosa. Tenia razon.
-Ya
nada me hace sufrir. Tengo una edad matusalenica y diria que
desde perdi a mi padre ya nada me puede hacer sufrir. Lo he
visto todo. Se encuentra ante alguien que ya no tiene puntos
flojos en lo que a sufrimientos se refiere. Soy un viejo jogui.
Se dominarme. Se dominarme. He vencido al dolor. La dama de
hierro vivio con su padre desde los 21 años. Hace nueve,
lo perdio para siempre.
-Estaba
leyendo el diario, a los 92 años, junto a una mesa
con patas de bronce. Se quedo dormido, se inclino y se golpeo
la cabeza contra la pata. Cuando llegue lo encontre en un
charco de sangre y pense que lo habian asesinado. Vino un
medico y me dijo: "Señorita de Chikoff, su padre
no va a pasar la noche. Voy a volver a las seis para hacer
el acta de defuncion". Yo tengo cierta videncia y le
dije: "Doctor, mi padre no va a morir, tiene tres meses
de vida". A las 6, cuando vino el medico, le dije: "Su
difunto esta en la cama tomando el desayuno". Vivio tres
meses mas.
Un
dia estaba dando clases en mi escuela y senti una angustia
infinita. Suspendi la clase y fui a casa. Cuando llegue, papa
estaba sentado, abanicandose, vestido como un principe. Me
miro y dijo: "Ah, obedeciste. Deci a la servidumbre que
se vaya a pasear, quiero estar a solas contigo". Di asueto
al personal y papa me dijo: "Sentante aca". Me sente
en el brazo del sillon. En la semioscuridad, bajo el retrato
del dragon chino, con los pies tenuemente apoyados en el piso,
al voz frasea como un piano triste y bien templado.
-Con
un dedo de su mano derecha, como si fuera un lapiz, comenzo
a delinearme la frente y continuo asi hasta mi menton. Me
dijo: "Siempre tienes tu hermoso perfil". Y cayo
muerto en mis manos.
Levanto
a su padre, lo llevo a la cama, siguio todas sus instrucciones
para la muerte.
-Estuve 48 horas a solas con mi padre muerto y comprendi lo
poco que somos, lo inutil que es el orgullo, la vida, las
relaciones. Que nada existia fuera de Dios y que nosotros
somos las sombras. De ahi en mas me senti una sombra sin importancia.
Esta
sombra sin importancia estuvo en China por ultima vez en 1970,
pero como tiene planeado vivir hasta los 113 años,
o los 126, con suerte, todavia hay tiempo para ir una vez
mas. Piensa, como Spinetta, que mañana es mejor.
-Todo comienza mañana. Yo voy a ser longeva. Por empezar,
que ya lo soy. Y, ademas, cada vez que me dirijo a las entidades
astrales, digo: "Despertad los genes de mis antepasados,
que vivieron hasta los 126 años".
Se
levanta y corre hacia una mesa junto a la ventana. Trae un
portarretratos con la foto de Carl Sagan.
-Era un genio, pero lo unico que le reprocho es que destruye
la imagen de Dios. Si usted lee a Carl Sagan termina atea.
Menos Eugenia. Yo pude leer todos sus libros sin haberme contaminado.
Tome de el la estructura que pudiera permitirme saltar de
una estrella a la otra, de un planeta a otro.
Ahora, como no tiene plata, viaja en su imaginacion. Fatiga
el planeta como puede, soñando.
-Me
gustaria ir a Rusia, recorrerla con el tren siberiano durante
un año, con la mochila, con zapatones, pantalones gruesos,
un pulover grueso, una campera gruesa. Mire los sueños
que tengo...
Sabe
que sus teorias escandalizan a esta altura del siglo, pero
las desliza como quien dice que despues de todo no tienen
demasiada importancia.
-Soy antifeminista. Me gusta que el varon sea el emperador
de la casa, que la mujer trabaje o estudie pero que no compita
con el varon. Si una abogada se enamora de un abogado, que
no le demuestre que sabe mas que el. Saber mas, pero demostrar
menos. Para poner al varon donde tiene que estar: arriba.
No se olvide que estamos hechas tres dias despues, de la costilla
de un varon.
Encara
la sesion de fotos preguntando cada tanto adonde debe mirar,
como debe poner las manos.
-Yo nunca extraño nada. Cada epoca tiene lo suyo. Mire,
me parece que tengo los ojos colorados. ¿Le pareceria
mal una foto con anteojos? Me siento totalmente invadida por
la luz.
Y cuando todos imaginan que aparecer con gafas antirreflejos
traslucidas o alguna elegancia por el estilo, la señorita
Chikoff aparece con unos anteojos carnestolendos, negros,
gigantes, y despliega su sonrisa magnetica abrazada a una
estatua de piedra.
-Ahora si, comienza el misterio- dice.
Como si hiciera falta. |
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| Hace
unos años dejó el corazón de Barrio Norte,
donde vivió desde chica, para mudarse a Mario Bravo
y Córdoba. "Es un departamento de un ambiente,
tipo loft —odia que lo llamen así—, de
catorce metros de largo. Lo importante es que entra toda la
biblioteca". Los libros son lo más importante
que tiene: "Cada uno es como un amante distinto. Si no
me gusta lo dejo y agarro otro". "Ellos", que
le hablan de filosofía, religiones e historia, nunca
dejan que se sienta sola.
(La
Razón, Miércoles 29 de mayo de 2002)
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| Eugenia
Dixit
De
su libro "Corazon de mujer"
Educacion
Sexual: Estoy en contra
de la educacion sexual (...) Pero cuando los hijos comienzan
a preguntar, los padres deberian estar preparados para enfrentar
la situacion; y si fuesen timidos, como se lleva a un hijo
al dntista, se lo llevara a un sexologo que resolvera el problema
enseñandole todas las acrobacias sexuales con su correspondiente
profilaxis
La
educacion frente al marido: Nunca camine desnuda delante de
el, porque destruiria el misterio de la seduccion. Cada mes,
durante cuatro o cinco dias, depende, debera aparecer en pijama.
El primer mes no llamara la atencion, pero a partir del tercero
sabra que se trata de abstinencia sexual. Desde los primeros
dias del matrimonio, regalarle un botiquin con todo lo necesario
para limpiar zapatos. Nunca una mujer debe limpiar los zapatos
de su marido (...) Si se resistiera a limpiarse los zapatos,
le explicara con dulzura que en la calle existen lustrabotas,
agradecidos de poder subsistir. Todo trabajo es honorable,
incluso el de lustrabotas.
La cama matrimonial
"Como soy soltera y no tengo experiencia sobre este tema,
repetire lo que mi querido padre enseñaba. Papa llego
a esta conclusion: compartir la cama llevaba a la separacion,
al divorcio, al varon a la impotencia y a la mujer a la frigidez.
A uno le gusta taparse, al otro destaparse; uno usa antisudoral,
el otro no; la mujer tiene menstruacion o queda embarazada;
uno tiene sueño profundo, el otro liviano, y habiendo
digerido mal, puede moverse a gusto sin molestar al vecino.
El explicaba que en el colchon grande, el acto sexual transcurre
cual toro-vaca, sin galanteo, sin manifestaciones cariñosas,
teniendo la prensa cercana, y esto llevaba a la impotencia
o a la frigidez. Mientras que al tener dos colchones, la via
se le hace al hombre mas dificil para obtener lo que busca.
Mi padre, que era un sabio resolvio este problema de una manera
muy inteligente. Decia que se debia elegir una cama grande
con dos colchones unidos, cada uno con sus sabanas y sus frazadas". |
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Eugenia
nació en Argentina, hija de un ruso y una francesa.
Recorrió casi todo el mundo —"pregúnteme
qué país no conocí"—, pero
se siente orgullosa de ser argentina y se encarga de subrayar
su nacionalismo. "Yo soy del pueblo", asegura,
con un tono que no suena a slogan. "Tengo muchos más
besos en la cara que cualquier mujer", se jacta, por
aquellos que la saludan todos los días en la calle
o en el colectivo. "Porque yo tomo colectivo —aclara—
y soy amiga de todos los choferes de la línea 106".
A ellos también los corrige: "Les explico que
mi nombre no se pronuncia Ugenia, sino E-u-genia".
(La Razón, Miércoles 29 de mayo de 2002)
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Chikoff,
un Conde Cortes
Domingo
4 de noviembre de 2001
El
conde Juan Eugenio Chikoff, ruso de origen y argentino por
adopcion, jamas claudico de sus ancestros ni de la educacion
que dejo en la tierra de los zares.
"Era dificil convivir con mi padre. Cualquier silla
le servia de trono, y cuando se le caian los lentes, hacia
que se los levantaran. El era conde y no se agachaba",
recuerda Eugenia, su hija.
Este
curioso personaje, que hablaba nueve idiomas, era aviador,
periodista, deportista, jinete y bailarin, habia nacido
cerca de Moscu, en 1896. A los 19 años, en 1915,
salio de su pais como subteniente de infanteria para combatir
en Francia, y nunca regreso. La revolucion de 1917 lo sorprendio
en Paris, donde un argentino optimista lo convencio de que
los bolcheviques durarian un par de semanas, y lo invito
a viajar a Buenos Aires para esperar la caida. Una vez en
la Argentina, Chikoff comenzo a frecuentar el mundo aristocratico
porteño. Su comportamiento, basado en unas reglas
de sociabilidad desconocidas hasta entonces, le hicieron
un lugar.
En los años veinte, la figura del conde era familiar
para quienes frecuentaban el Ocean y el Golf Club en Mar
del Plata, donde daba lecciones de baile, gimnasia y patinaje
sobre hielo. Por esa epoca tambien se inicio en la tarea
que le daria una curiosa notoriedad: la enseñanza
de 'urbanidad y buenos modales', un tema al que consagro
años. Segun Eugenia, en Buenos Aires Chikoff frecuentaba
a otros nobles rusos, como la condesa Zouboff y el principe
Nagaietz
Existen
varias fabulas sobre este conde mediatico. Una de ellas
es que fue el inventor del paso de tango "un, dos,
tres, cuatro, cierre y cruce". Su gran misterio, sin
embargo, no es ese sino si realmente era un noble. Segun
su propio testimonio, su familia desaparecio sin dejar rastros
durante la revolucion bolchevique, y el nunca pudo retornar
a su pais. Durante el resto de su vida, incluso en su propio
hogar, tenia prohibido hablar de Rusia y de sus antepasados.
"El nunca hablaba de eso porque era una tragedia, y
el queria vivir, no morir. Y como no se podia hablar de
Rusia, no se sabe nada de mis antepasados", cuenta
hoy su hija Eugenia.
El conde Chikoff, que enseño a quien debia darsele
la mano y a quien no, o ante quien levantarse del asiento
en una reunion social, murio el 28 de diciembre de 1988
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En la edición de la revista Caras y Caretas del 1
de febrero de 1930, el periodista Juan José Soiza
Reilly, desde Mar del Plata, donde se encuentra trabajando,
comenta las protestas de algunas personalidades sobre la
falta de música.
Entre
ellas, figura la del "el animador de Mar del Plata,
la columna vertebral del balneario, Juan E. de Chikoff"
uno de los más 'indignados' quien sostiene que "Pocos
balnearios tan magníficos como éste funcionan
en Europa... pero aquí hace falta música:
conciertos al aire libre, alegría de vivir, desfile
de maniquíes... felizmente, la belleza de la mujer
argentina es la única música celeste que puede
reemplazar a la música..." se consuela galantemente...
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“Para
tomar café hay que levantar la taza y el plato”
Experta
en reglas de protocolo, dice que recorre los bares clásicos
de la Ciudad. Y hasta da consejos en Facebook.
Mi querida, lo primero que te voy a decir es que hace apenas
cien años que la mujer toma café”, larga
Eugenia de Chikoff antes de que terminemos de acomodarnos.
El gesto de sorpresa basta para confirmar que tiene toda
la atención, y sigue: “Nada viene de la nada.
Hoy en día la mujer está a la vanguardia,
pero el machismo de antaño la aplastaba por completo.
La que era culta estudiaba piano o escribía poemas,
y la común limpiaba la casa. El quiebre llega con
ese gran evento de bautismo de la torre Eiffel al que asistieron
todos los monarcas del planeta, la realeza que gobernaba,
no como ahora. Hasta ese momento la mujer nunca había
probado café, ni fumaba, ni usaba pantalones. Con
una excepción en el siglo anterior, que es la exótica
escritora que adoptó nombre de varón, George
Sand, una perdida para las mujeres de la época. Pero
en 1900 agarraron el toro por las astas. Craso error del
varón que no entendía que la mujer era más
inteligente que el hombre”.
Bajen
la guardia, muchachos, y dejemos la guerra de los sexos
para la publicidad. Con San Valentín a la vista no
está mal repasar el abc de los buenos modales, no
sea cosa que el Príncipe Azul salga espantado porque
no podemos manejar con dignidad un pocillo.
La lección corre por cuenta de la porteñísima
hija del conde ruso Juan Eugenio de Chikoff (mal llamada
condesa, advertirá), que durante décadas se
ha dedicado a compartir lo que aprendió de su padre
a través de sus clases, sus columnas de radio y tevé
y ahora en su página de Facebook, desde la que responde
las preguntas de sus casi 5 mil “Deditos” (por
el pulgar para arriba del botón Me Gusta). Maestra
de kung fu, se declara escritora (“me encantaría
que alguien edite mis cuentos”, desliza) y recuerda
con afecto a Benito Quinquela Martín. “Ibamos
a visitarlo todos los sábados con mi papá.
Quinquela era asmático y con mis ejercicios y respiraciones
logré curarlo”, declara.
Entre
ejemplos y anécdotas explicará que las reglas
de protocolo “nacen de los reyes, y la República
las rompe”. Dirá que aunque se tienda a un
protocolo más funcional no hay que colocar tenedor
y cuchillo como si fueran remos porque el plato no es un
barco, y que una vez que los cubiertos se levantan de la
mesa jamás vuelven a tocar el mantel. “La persona
educada debe respetar las reglas establecidas y si está
en un lugar donde se come con las manos, no va a pedir cubiertos”,
apunta.
¿Qué
más hay que saber sobre el café? “A
diferencia de lo que sucede con la taza de té, al
tomar café una persona educada levanta la taza y
el platillo de la mesa. El protocolo es muy inteligente.
La taza de té es amplia y la de café, chiquita.
Al levantarla obviamente se pierde café pero al tener
el platillo abajo, si tenés la mala suerte de que
se caigan unas gotas van ahí y no al mantel o al
vestido”, explica.
Prohibida
la cucharita si el café se toma amargo, y es inevitable
preguntar por los sobrecitos de azúcar (mal que le
pese a algún músico amigo). “Un lugar
que se respeta debería tener terrones y una pinza”,
se enoja. Y sigue con lo que observa a diario en los bares
de la Ciudad. “Para hacerse los aristócratas
algunos usan cubiertos para cortar un sándwich, cuando
únicamente se puede comer con las manos”, ilustra.
Aunque
el protocolo no dice nada al respecto, Eugenia celebra la
costumbre de servir el café con algún dulce.
“Cuando voy a un lugar donde se sirve sin nada, no
retorno”, asegura. Recorre los clásicos (“ayer
estuve en el fantástico Tortoni y me tomé
mi cafecito y comí una pizza”) y cuando siente
nostalgia de sus ancestros trata de visitar el Faena. “Sólo
si me invitan mis alumnos y es apenas un cafecito, si hasta
respirar cuesta ahí”, cierra.
POR
EINAT ROZENWASSER, Clarín, 9 de febrero de 2012
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EUGENIA DE CHIKOFF. COSTUMBRES. “HACE SÓLO
100 AÑOS QUE LA MUJER TOMA CAFÉ”, AFIRMA
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