Aunque
la Constitucion en su articulo 16, prohibe los titulos
nobiliarios ("La Nacion Argentina no admite prerrogativas
de sangre ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales,
ni titulos de nobleza"), en el pais hay nobles.
Llegados
desde Polonia, Francia, Espada, Austria, Checoslovaquia
o la Rusia de los zares, no usan el titulo excepto para
la vida social, y entre ellos hay gerentes de empresa,
profesionales, administradores de fabricas y dueños
de estancias.
Estan alejados del boato y de los estereotipos del imaginario
popular. Algunos se apasionan por el futbol y otros
por los autos.
Los
hay que se divorcian como cualquier hijo de vecino,
y entre ellos las segundas nupcias son moneda corriente.
Estan los que son socios de instituciones civiles, como
sociedades genealogicas o heraldicas, y los que conocen
el pais como nadie, por haberlo transitado hasta en
sus rincones remotos.
Unos
tienen campos en la Patagonia y otros en Buenos Aires
o en Cordoba. A muchos les fascina la caza mayor. Aunque
son naturalmente monarquicos, a la hora de votar lo
hacen por radicales o cavallistas, y cuando hablan de
politica se les nota el rechazo por Carlos Menem y Raul
Alfonsin.
Algunos
frecuentan las galas del Colon y aman las fiestas en
los salones del Jockey y el Circulo de Armas, y otros
las eluden cada vez que pueden. Los menos se regodean
intimamente en su propia prosapia, y bastantes ayudan
con trabajo social desde asociaciones del tercer sector.
Algo,
sin embargo, los iguala mas alla de las diferencias:
el hecho de que todos, o casi todos, estan emparentados
con las mas rancias familias patricias argentinas. En
ese parentesco esta la razon de su presencia en el pais.
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