LA
CUMBRE, UN LUGAR PRIVILEGIADO
Desde
principios del Siglo XX, La Cumbre se perfiló como
un destino vacacional exclusivo. Un grupo de casonas españolas
a la vera del camino hacia los Cocos, mantiene la impronta
de su espléndido pasado.
La cumbre comenzó su plena expansión en esta
década del siglo (1930.1939), los apellidos ilustres
de Buenos Aires, Rosario, Santa Fe y Córdoba, sumados
a la clase terrateniente de la pampa húmeda, eligieron
estapoblación como destino de vacaciones. Primero,
se alojaron en hoteles, principalmente el Palace, que reunía
las características de distinción y calidad
en sus servicios. Luego vendría la compra de la tierra
y las fastuosas mansiones tomaban forma con materiales generalmente
importados y diseñadores europeos como León
Durge o el renombrado paisajista Carlos Thays.
Los
Menéndez Behety, Gómez Palmes, Unzué
de Alvear Cullen, Beccar Varela, Oster y Vasallo fueron
algunas de las familias que construyeron sus casonas en
un lugar casi exclusivo, con un entorno natural al estilo
del viejo continente; además, se hablaba inglés,
el golf era el lugar predilecto para las reuniones sociales,
la cacería del zorro agrupaba a la familia en largas
cabalgatas sobre las sierras y, por las noches, las orquestas
proponían la diversión a señores de
riguroso Smoking y damas vestidas de gala.
Entre
las convulsiones financieras, la inseguridad en Europa ante
las inminentes guerras, La cumbre era el lugar ideal para
vivir, descansar y estar más cerca de los estilos
extranjeros que muchos argentinos adoraban.
El
periodista y escritor cumbrense Francisco Capdevila retrata
de esta manera, en su libro La Cumbre en el siglo XX, el
particular ambiente que se vivía en "Los años
de oro" en este especial reducto del norte del valle
de Punilla.
Como
testigos silenciosos de aquellos esplendores, quedan en
los alrededores de la ciudad, un conjunto de casonas que
vieron transcurrir el siglo y que aún siguen de pie
entre los faldeos de las sierras.
Entre
ellas, Sevilla, Granada, Toledo y El Paraíso, la
fantástica residencia que durante años habitara
el escritor Manuel Mujica Láinez, reconocen una genealogía
compartida.
En 1923, María Unzué de Alvear le encarga
a León Durge, graduado como arquitecto en la Escuela
de ArtesDecorativas de París, la construcción
de su residencia en Cruz Chica, que luego fue bautizada
como Toledo. También le corresponden a Durge los
diseños de El Paraíso, que por entonces era
de propiedad del comerciante Ramón Avelino Cabezas,
Granada y Sevilla.
En
las cuatro casonas, situadas a ambos lados del camino que
sube desde La Cumbre hacia Los Cocos, se destacan detalles
de la arquitectura española: muros de piedra, pesadas
rejas de hierro forjado, mosaicos de Talavera, miradores
y balcones, fuentes de mayólica en los patios, tejas
en los techos y bancos de piedra en los jardines.
De
todas ellas, Sevilla es la que se destaca por una historia
de la nobleza francesa, que se emparentó con los
propietarios de la casa, instalada en plenas serranías
cordobesas.
La casona fue edificada en 1926 por Gabriel Masle, para
cumplir los deseos de su esposa que quería un lugar
de descanso en la zona. Dos años más tarde,
murió Masle y la casona debió ser vendida.
Quien la compró, el empresario porteño Jorge
0ster ligado con Bunge y Born, mandó a realizar importantes
ampliaciones en la casa, emplazada en un terreno de 50 hectáreas
y rodeada por un jardín con desniveles y con una
impactante vista hacia las sierras.
La
única Hija mujer de 0ster, Renée, se casó
al poco tiempo con el príncipe francés Charles
De la Tour D'auvergne, que estaba en la línea directa
de sucesión en la depuesta monarquía francesa.
Así, durante muchos veranos, hasta la década
del "70", las pesadas rejas de Sevilla se abrieron
para alojar al noble francés y su esposa. Pero cuando
el matrimonio 0ster murió en alta mar, su hija ya
no quiso volver a la casona que atesoraba tantos recuerdos.
Sevilla se cerró, guardando en su interior todo el
mobiliario y las pertenencias de sus dueños.
Veinte
años más tarde, Silvia Loza de Carignani alquiló
la residencia para instalar allí una casa de huéspedes;
pero recién el año pasado, Sevilla recuperó
su antiguo lustre al ser adquirida por Lila Ferreyra, quien
restauró la casona para inaugurar un hostal llamado
Alcázar de Sevilla.
El lugar conserva rasgos que hablan de la nobleza de su
historia, como los roperos y toilettes de maderas nobles
y originales de la casa, que equipan sus doce habitaciones,
entre las que se destacan El Príncipe (llamada así
porque era la que utilizaba De La Tour), El Mirador (con
un balcón privado para desayunar mirando la montaña)
y El Sol; junto a renovados cuartos de baño y la
incorporación de comodidades como televisión
por cable en todas las habitaciones, Internet y calefacción
central, que se suma a la calidez de hogares a leña
que se reparten en todos los ambientes.
Toledo,
la casona a la que se puede llegar desde Sevilla bajando
por un sendero y cruzando la ruta, que alguna vez alojara
al famoso Guy Williams -legendario protagonista de la serie
El Zorro- también fue comprada por Lila Ferreyra,
quien proyecta un futuro complejo turístico de primer
nivel que incluiría ambas residencias. Para mayor
información, los interesados pueden comunicarse a
la dirección de correo electrónico alcazarsevilla@onenet.com.ar.
El
Paraíso también participó del apogeo
de la Cumbre: su propietario original la inauguró
engalanándola con cortinados de la India, muebles
italianos fabricados para la famosa mueblería Maple
de Buenos Aires y un jardín donde crecían
bulbos importados directamente desde Inglaterra. Problemas
familiares terminaron en un remate de todo el equipamiento
de la residencia, que después fue pasando por varias
manos.
Hasta
que la encontró Mujica Láinez y la compró
en 1969. El había escrito una de sus obras -Invitados
en el Paraíso- en 1952, y allí narraba la
historia de una casa que se llamaba de la misma manera que
la que encontró muchos años después
en Cruz Chica y adoptó como su morada definitiva,
junto a su esposa Ana de Alvear y sus tres hijos, Manuel,
Diego y Ana, Todavía quedan en la Cumbre antiguos
habitantes que recuerdan las tardes de bridge que Manucho
disputaba en los salones del hotel Palace junto a las señoras
de la sociedad Hoy, la propiedad diseñada por león
Durge es de la Fundación Manuel Mujica Láinez
y Ana de Alvear, quien la convirtió en una casa museo,
destacada por ser uno de los museos de este tipo que mejor
se conserva en latino América. La casa, que se mantiene
tal como la dejó su dueño, puede recorrerse
en visitas guiadas que se organizan todos los sábados
y domingos entre las 10 y las 18, con una entrada de 5 pesos
para mayores y 3 para los niños.
Texto
de www.vacations.com.ar