"Esta
tradicional fiesta que todos los años es motivo de
ceremonias religiosas y de regocijos populares, ha sido
celebrada con verdadero esplendor y creciente entusiasmo,
a juzgar por la numerosa asistencia y las visitas que a
la histórica Virgen del Carmen hicieran colegios
de niños y niñas, congregaciones religiosas,
escuelas, asilos, hermandades, etc.
Desde
muy temprano los alrededores de la capilla desbordaban de
concurrencia, y era casi imposible penetrar en la iglesia
cuando a las 10 a.m. se ofició la misa solemne en
honor de aquella que fue nuestra Señora Madre, Generala
del Ejército de los Andes, a quien San Martín
entregara la bandera y su bastón de mando.
Uno
de los aspectos curiosos, considerando la muchedumbre heterogénea
de entre la cual, sin embargo, se destaca la numerosa asistencia
de italianos, es sin duda alguna la del ambiente comercial,
de mercachifles, vendedores ambulantes gritones, aparecidos
espontáneamente de todos los rincones de la ciudad,
acudiendo presurosos a las fiestas del Carmen, dando también
su nota característica de fera a la plazoleta engalanada
de banderas y gallardetes, ofreciendo, risueños,
desde los rosarios, oleografías religiosas, medallas,
etc. hasta utensilios de uso doméstico en una agitación
inusitada de voces chillonas, circulando entre la masa compacta
de público que se codea, se apreta y se pisa hablando
fuerte.
A
la hora indicada salió la procesión con una
banda de música particular a la cabeza, marchando
en el mayor orden, custodiada por la policía, rodeando
las cruces y el trono de la Virgen, llevada en andas por
los fieles, el clero, congregaciones y escuelas de ambos
sexos, y una muchedumbre apiñada que seguía
descubierta, dando vuelta a la plazoleta y regresando hasta
la capilla, donde, en el atrio, desde un púlpito
erigido al efecto, habló en italiano un padre designado
de antemano."
Caras
y Caretas del 26 de julio de 1902