"Caras
y Caretas", el periodismo totalizador
La
verdadera revista argentina empezó con Caras y Caretas
(1898-1941), donde quedaron registradas cuatro décadas
de historia: historia política, de las costumbres,
de la cultura, de la sociedad, del país.
Jorge
Ruffinelli analizó así el fenómeno:
"Caras y Caretas, dentro de su estilo epocal, refleja
traslúcidamente su mundo, ya a través de sus
'compromisos', ya a través de sus 'evasiones'. Prácticamente
ningún escritor, salvando las composiciones modernistas
que mimetizaban en parnasianismo francés, dejó
de mostrar en sus cuentos o poemas tanto el sentimiento
particular ante los conflictos que responsabilizaban a toda
una sociedad, como los hechos mismos que en definitiva la
constituían.
No
es extraño, entonces, el marcado auge de la literatura
costumbrista -a que el periodismo dio empuje-, de la preocupación
nacional que denotaba la literatura posgauchesca y del directo
compromiso -en el ensayo, donde se explicitan las ideas-
en que estaban presentes poetas y narradores, no sólo
periodistas".
La primera época de Caras y Caretas fue la más
notable.
La dirigía José S. Alvarez, Fray Mocho, quien
accedería luego a la fama también a través
de sus cuentos y crónicas costumbristas. La revista
cubría todos los aspectos de la vida de entonces,
desde el literario hasta el político. Las cuestiones
más importantes del momento -como el asesinato de
Humberto I o la guerra anglo-boer- eran allí tratadas
pormenorizadamente. "Frente a sus ejemplos anteriores
-el más claro, la revista Don Quijote- Caras y Caretas
significó un merecido avance en muchos aspectos.
No
sólo ponía en manos de miles de ciudadanos
una revista popular y variada (se autodefinía "semanario
festivo, literario, artístico y de actualidades")
donde se reflejaban las preocupaciones nacionales de toda
índole, así como los sucesos internacionales,
sino que en varios aspectos más pequeños pero
característicos, pudo tener el orgullo de la originalidad
que exigía la época: comenzaron a pagarse
las colaboraciones literarias y se levantó el nivel
técnico con el empleo de cromos y fotograbados",
dice Rufinelli.
Caras
y Caretas del cambio de siglo constituyó, sin duda,
el más fiel reflejo de aquella Argentina. En sus
páginas quedó impreso el fenómeno de
la inmigración, el desarrollo del comercio y la producción
y, sobre todo, la metamorfosis de la Gran Aldea, convertida
en ciudad. Acompañó el cambio hasta donde
pudo.
Su auge comenzó a quedar atrás cuando debió
competir con otras revistas más novedosas que ganaban
el favor del público, como Mundo Moderno, fundada
en 1911. Acaso su vocación por abarcarlo todo, por
expresar integralmente a la sociedad de entonces, fue la
causa principal de la agonía. Duró 41 años.