| TEATRO
FIN DE SIECLE
Aquí
asistiremos, desde una privilegiada platea en el tiempo a
la puesta en escena de "El Deber", zarzuela en un
acto y tres cuadros, con letra de don Ezequiel Soria y música
de don Antonio Reynoso
"Ezequiel
Soria, joven catamarqueño, autor de Amory Lucha, Justicia
Criolla, Ley Suprema y otras aplaudidas obras, ha demostrado
en diversas ocasiones que tenía talento, y ha sabido
colocarse en primera fila entre nuestros autores dramáticos.
Con
El Deber, obra que no tiene nada que ver con la contabilidad
por partida doble.
Soria ha ratificado la opinión que de él teníamos
formada.
Antonio
Reynoso, su colaborador musical, bien conocido ya por varias
partituras, entre ellas las de La Muñeca y Los Políticos,
ha contribuído eficazmente al éxito de la obra.
Sin
constituir la de que nos ocupamos, un éxito estruendoso,
resulta seguramente algo más que un 'succes d'estime'
y constituye por su propia virtualidad un triunfo para la
literatura nacional.
El
primer cuadro de El Deber bastaría de por sí
para un sainete de costumbres criollas: el gran efecto que
su final produce, contribuye a amenguar el de los dos que
le siguen.
Las
actrices Sánchez, Millanes, Martín, Ortíz
y Cortina, y los actores Juárez, Tapias y Mesa, supíeron
sacar gran partido de sus respectivos papeles.
Al
unir nuestro aplauso a los muchos que han recibido Soria y
Reynoso, de la prensa metropolitana, manifestamos el sentimiento
con que oímos decir a Juárez, al ser llamados
a escena los autores, que éstos no se hallaban en el
teatro porque no suena bien en una crónica teatral
y tratándose de autores, esa frase de «no fueron
habidos» tan común en las crónicas de
policía"
Caras
y Caretas del 5 de noviembre de 1898 |
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| Asistimos,
"en vivo y directo" al cuadro II, escena 2º
de la zarzuela "El Deber", montada en el escenario
del teatro hace más de cien años atrás |
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Vemos
a los responsables de la zarzuela "El Deber" con
letra de un jovencísimo Ezequiel Soria (izq.) de
apenas 25 años de edad y música de don Antonio
Reynoso (der.).
En
septiembre de 2008 en el Cine Teatro de Catamarca se realizó
la inauguración de la "Sala Ezequiel Soria"
en Catamarca como justo homenaje al prestigioso autor
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Escena
última del cuadro 1º donde vemos a los actores
y actrices de la obra
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EZEQUIEL
SORIA
Por el Prof. Raúl E. Cano
Nació
en Catamarca el 23 de Agosto de 1873, sus primeros años
transcurrieron en medio de sanas alegrías, de aquel
hogar patriarcal de los "Sorias", patricios y
señores de glorias pasadas.
Ezequiel
Soria desde niño fortaleció su personalidad
al contacto de hábiles maestros, como su padre, su
hermano Manuel, y especialmente la admiración por
Adán Quiroga, obraron como modelos en la formación
de aquel niño de hogar provinciano.
Poco
después de terminar los estudios secundarios, se
trasladó a Buenos Aires, donde comenzó la
carrera de Derecho y Ciencias Sociales. Luego ingresó
a la Facultad de Filosofía y Letras, pero no pudo
concluir sus estudios.
Con
sus virtudes y talentos, llegado a Buenos Aires, se integró
a los círculos, en los cuales se reunía la
intelectualidad Argentina. Así lo encontramos en
el "Salón Literario" de Rafael Obligado,
donde los días lunes se reunían los hombres
más esclarecidos de la cultura Argentina, Americana
y Española.
El
Catamarqueño gustó luego de las reuniones
que se realizaban en el "Café Lloverás",
en que aparece su primera obra: "El año 92",
o en "El Diván". No solo marcaba así
la iniciación de Soria en la dramática Argentina,
sino que la obra tiene otro mérito, y es el de precisar
una inclinación espiritual del autor, que ya en Catamarca
había llevado a Soria y a Adán Quiroga a formar
un conjunto teatral.
Ezequiel
Soria figura como astro de primera magnitud, ligando su
nombre a los orígenes del Teatro Nacional Argentino,
dado que fue Soria quién en un esfuerzo artístico
maravilloso elevó la acción teatral a primer
plano.
A
finés del siglo XIX y comienzos del XX, el género
teatral Español se encontraba en plena decadencia,
con obras anticuadas y compañías que languidecían
en el letargo. Fue entonces que Soria inicia un movimiento
reaccionario, en el sentido de hacer teatro nacional Argentino,
con elencos Españoles primero, y luego con elementos
nacionales, para un público deseoso de novedades,
que frente a lo nuevo propuesto por Soria lo seguía
con entusiasmo.
El
esfuerzo de Soria, en el movimiento reaccionario a favor
de nuestro teatro, y la formación de este, fue el
ideal de su vida y en lograrlo dilapidó casi el fulgor
de su talento. Por esto algunos críticos dan a Ezequiel
Soria, el justo título de "Fundador del Teatro
Nacional Argentino".
Como
dramaturgo la obra de Soria, es amplia y de muy buena calidad.
Al éxito de "El Año 92", le siguieron:
"El Sargento Martín", "Amor y lucha"
y a estas "Justicia Criolla". La popularidad de
esta última obra fue tan enorme, y tiene el valor
de una pieza de transmisión entre la izquierda española
y lo que es hoy nuestro teatro. Fue estrenada en el "Olimpo"
en 1897, y su éxito se repitió en 1902 cuando
es llevada al teatro de la Comedia.
El
ingenio de Ezequiel Soria a pesar de los años continua
creando y nace "Política Casera" en la
cual el autor, guiado por su afán innovador construye
su obra con nuevos recursos, sin repetirse, abandonando
los recursos de la zarzuela. Hay una superación en
argumentos y acción de personajes y la obra es en
dos actos.
La
obra dramática de Soria continua con una vasta producción,
entre ellas: "La beata", "El escudo",
"Bodas de oro", "Criollos y Yankees",
"Diógenes", "Entre dos fuegos",
son obras que marcan el camino ascendente en la labor dramática
de Soria.
Otro
aspecto en la vida de Ezequiel Soria, fue su actividad intensa
en la organización gremial. Se preocupa por los autores
teatrales y por proteger su producción. Consiguió
que por primera vez un empresario pagase derechos de autor
al creador de una obra.
Ezequiel
Soria es considerado un maestro, que supo de sacrificios
y renunciamientos. Mariano G. Bosch, en los orígenes
del teatro argentino, refiriéndose a la influencia
de Soria en la formación de maestros artistas: "Soria
les enseñó hasta la técnica entre los
bastidores, la manera de enseñar y de colocar al
apuntador en los ensayos, como la de hacer los tantos o
cuadernillos".
Ezequiel
Soria tuvo un gran sentimiento nacionalista, que a pesar
de su espíritu viajero, recorrió varios países,
mantuvo un gran amor por su tierra y sus cosas. Por ello
se lo suele llamar el gestor de la zarzuela patriótica.
Como
autor y como director, los méritos de Soria, fueron
primero, el impulso que supo dar a nuestro teatro, hacia
el cual hizo volver la atención del público
argentino, concentrada únicamente en las actividades
dramáticas extranjeras. Su nombre queda como el de
uno de los fundadores del teatro Argentino.
Ezequiel
Soria vivió sus últimos años en un
barrio humilde, atado a su sillón de enfermo y rodeado
de artistas, escritores, periodistas, donde comentaban la
aparición del último libro, se criticaba la
pieza teatral del momento, la conferencia tal o el concierto
del fin de semana
Su
vida se extinguió en la ciudad en la que brilló,
Buenos Aires, un 24 de Julio de 1.936.
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Ezequiel
Soria (1873-1936)
Nació
en San Fernando del Valle de Catamarca, el 23 de febrero
de 1873. De niño se interesó por la literatura
y una vez finalizados sus estudios escolares viaja a Buenos
Aires para cursar la carrera de Derecho y Ciencias Sociales.
No concluyó la carrera pero estudió las materias
relativas a su posterior actividad teatral. Escribe un sinnúmeros
de obras dramáticas y desde 1899 hasta 1901, Ezequiel
Soria recorre Europa con afán de investigador y en
busca de perfeccionamiento teatral. Muere en Buenos Aires
e 24 de julio de 1936, a poco de cumplir sesenta y tres
años. La importancia de este autor es que con él
nace el teatro como género dramático en Catamarca.
Dentro de sus obras más destacas encontramos “El
año 92”, “El Sargento Martín”
y “Justicia Criolla“ donde introduce un tipo
de vida porteña d gran ascendencia en la sociedad
de principios de siglo XX: el conventillo.
“El
Deber” (...)
Wenceslao: -“Qué vida más atrasada.
Sobre andar uno pobre, los negocios de las mujeres lo embarullan
más. Los celos de la Josefina por un lado, las peleas
con doña Giacumina por otro, pa final lo ofendido
que está conmigo Pascual, me tienen la cabeza más
caliente que un asador al fuego. Es que las mujeres a veces
emborrachan más que el vino. A veces pienso no ocuparme
más que de la chata y los mancarrones, trabajar mucho,
ver si le pianto al patrón algún viaje que
me de pa la “copa” y volverle la espalda a tuitas
las hembras; pero ellas pa hacer el amor no pagan patente,
se le atraviesan a uno en el medio, y ya metido uno en el
medio, no hay medio de volverse pa tras. Y luego que si
me paro en una esquina, me requinto el chamberguito y me
pongo así como distraído a cantar entre dientes
algún estilo, ya se sabe, cuanta vaga pasa por cerca
de mí la hago de fijo palpitar; se me acerca, me
sonríe, me echa unas miradas más puntiagudas
que la punta de un cuchillo, nos hablamos un poco, me doy
con ella un poquito de corte, y en el primer baile con corte
que se me presenta, ya no me quedo corto y sigo la bolada
hasta que me aburre y entonces sí que le hago un
corte de... amores y espianto...” (...)
Los
acróbatas
En
un circo de pruebistas,
una noche de función,
en el entreacto conversan,
en el foyer interior,
los artistas que descansan
de su pesada actuación.
Tocan mil temas diversos,
más luego se oye una voz
que escuchan todos atentos
con interés y fruición.
Les habla el viejo payaso
de unos versos que él oyó
y que un poeta escribiera
dedicándolos al clown.
Pídenle los camaradas
que de aquella inspiración
les “declame” algunos trozos,
a lo que el viejo accedió;
y así en el circo, esa noche,
dijo estos versos el clown:
“Son los artistas queridos
de nuestra primera edad,
pájaros en libertad
siempre errantes y sin vida;
vuelan con inquieto afán
tras las quimeras del arte,
arriban de cualquier parte
y a cualquier parte van.
Son los que libres de aliños
su franco humorismo vierten
los que a los niños divierten,
a los grandes vuelven niños.
¿Quién no recuerda en su ocaso
que allá, en los lejanos días,
en las más dulces alegrías
se las brindara un payaso?
Son los antiguos juglares
en el circo “triunfadores”
los modernos sembradores
de alegrías populares.
Dicen simplezas, donaires,
saltan, ruedan, se dislocan
y la admiración provocan
de sus giros por el aire.
Doman fieras y corceles
y la gente, divertida,
ve cómo exponen sus vidas
entre luces y oropeles.
Cuando tienen un pesar
deben al punto fingir;
ante el público reír
aunque se quiere llorar.
Y aquel circo, aquella pista,
bien redonda en su extensión,
sin tramoya ni telón
es la escena del artista;
allí luce sus primores
la farándula ruidosa,
alegre, ingenua, “extremosa”,
buscando aplausos y flores,
y en la pista contenida
gira aquella caravana,
igual que la grey humana
dando vueltas en la vida
son los artistas queridos
de nuestra primera edad,
pájaros en libertad,
siempre errantes y sin nido.
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