| Julio
Alberto Pueyrredon Saavedra Lamas
"No
tenemos la sangre aguada"
Quien lo afirma es Julio Alberto Pueyrredon Saavedra Lamas,
notoriamente orgulloso de la estirpe vascofrancesa que le
da el nombre. Abogado, funcionario, profesor y banquero,
la vida de don Julio recorre las instituciones. Desde su
escritorio habla un refrán acerca de águilas,
cimas peñascosas y puestos eminentes, preclara metáfora
del hombre público.
El
retrato de su padre, Carlos Alberto, intendente durante
la presidencia de Castillo, domina la sala. Junto a él
posa y comenta: "En ese cuadro hay serenidad, pero
también dulzura. Papá era tan rico tipo. Conservador,
pero muy liberal. No era un chupacirios. Nosotros representamos
el ala conservadora de la familia. Los radicales están
por el lado de Honorio y Ricardo. Pero no hay diferencias.
Son buenísima gente y yo los quiero muchísimo".
De Juan Martín, director supremo, festeja los veintinueve
días de la marcha desde Potosí. Su madre le
testó la prosapia de don Cornelio de Saavedra. Las
efigies de ambos próceres ilustran el billete decimonónico
que Julio expone como un trofeo. "Ser un Pueyrredon
no es un derecho, es una obligación. Yo
no estoy orgulloso de mí, sino de mis antepasados.
Ud. me pide que le cuente alguna anécdota más
bien pedestre, pero le juro que no la tengo. Es que ningún
Pueyrredon tiene la sangre aguada", dice Julio, egresado
de Harvard y único miembro honorario de la Legión
de Patricios, que presidió durante once años.
Julio
se jacta de no haber aceptado cargos políticos durante
regímenes militares, al tiempo que muestra, caleidoscópicamente,
un exitosísimo balance del Banco Popular Argentino,
su diploma de inclusión en el exclusivo Who's Who
y una fotografía con Nelson y Peggy Rockefeller.
Viudo de la uruguaya Susana Regules ("charrúa,
solía decir ella"), Julio vive solo y administra
un estudio de abogacía junto a uno de sus cuatro
hijos (el que repite su nombre). Eximio deportista, hace
gala de un envidiable estado físico. No ha olvidado
a su madre, según él la más bonita
de los Pueyrredon: "Esto no es Edipo. Sólo un
juicio estético".
Hay
algo de incredulidad en sus ojos, pero al fin se decide
a develar un último tesoro genealógico, descubierto
por su padre: el linaje de Victoria Lynch y García
Sedano de Pueyrredon, su abuela. Un torrente de conquistadores
y cortesanos cuya cumbre brilla con los nombres de Alfonso
el Sabio o San Luis, rey de Francia, nada menos. "Y
pensar que para nosotros el tal García era un almacenero
gallego", se ríe.
Con
la venia de "los más autorizados autores de
libros de heráldica", don Julio Pueyrredon digno
heredero de un capitán de húsares, se apresta
a colgar su pasado en la pared. |