A
mediados del siglo XIX los judíos que vivían
en la Argentina no superaban los 100. En 1862, ante la proximidad
de Pésaj, ese reducido grupo pensó en reunirse
en una entidad comunitaria. Diez hombres se reunieron para
orar y así nació la Congregación Israelita
de Buenos Aires, más adelante llamada Congregación
Israelita de la República Argentina. Su primer presidente
fue Segismundo Aguerbag. En 1876 el gobierno argentino autorizó
el ejercicio del Ministerio del Rabinato Judío, promoviendo
el impulso de la inmigración judía desde el
imperio ruso. En 1888 ocho familias de agricultores judíos
inmigraron y fundaron Moisesville, en la provincia de Santa
Fe. Luego 50 familias fundaron la desaparecida Colonia de
Aronsville.
Para
fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo
XX, muchos judíos askenazí llegaron al país
desde la Europa Oriental, huyendo de persecuciones y pogromos.
Los inmigrantes judíos al llegar a la Argentina,
trabajaron como agrónomos y viñateros en Mendoza,
y como ingenieros en Tierra del Fuego,[cita requerida] durante
los años 1883 a 1886. Otros desempeñaron cargos
obreros, estancieros e industriales.
Entre
los años 1885 y 1889 un total de 2.385 judíos
llegaron al país a bordo del barco Weser, a causa
de la intensificación de las amenazas de expulsión
de los judíos de las zonas rusas, y de los cuales
se sabe que 2.260 permanecieron en el país. En 1888
se publicó en Buenos Aires el primer periódico
escrito con caracteres hebraicos, con el nombre de El Fonógrafo
Hebraico, dirigido por Fabián S. Halevy.
En
1889 llegaron de Alemania unos 1.200 inmigrantes, una vez
más a bordo del Weser y el Bremer. En general provenían
de la región de Podolia en Ucrania. Respetaban estrictamente
la religión, así como la vestimenta y el uso
de barba.6 Pero en 1889 se produjo un giro decisivo para
la inmigración, ya que hubo cambios en el gobierno
y en la política de inmigración y colonización.
Un año más tarde, en 1890, la Argentina lanzó
su plan de inmigración, el cual consistió
en pagar los pasajes, lo que trajo como consecuencia que
desde 1891 hasta 1896 llegaran al país unos 20.121
judíos provenientes de Rusia y Rumania, instalándose
en su gran mayoría en Buenos Aires, Entre Ríos
y Santa Fe. En 1891, el vapor Pampa rentado por el Barón
Hirsch trajo 817 inmigrantes judíos desde Ucrania,
Polonia, Lituania y Besarabia. Esta inmigración dio
origen a las colonias de Carlos Casares y Entre Ríos.
Desde 1894 existen en Buenos Aires mueblerías de
propiedad judía y aparecieron las primeras roperías
judías.
Si
bien muchos de esos inmigrantes se establecieron en las
principales ciudades, muchos otros adquirieron tierras a
través de la Jewish Colonization Association para
establecer pequeñas colonias agrícolas (comunas)
en el interior del país, especialmente en las provincias
Santa Fe y Entre Ríos.7 En cada colonia la explotación
agrícola se adaptó a las condiciones especiales
de la zona donde se encontraba. La explotación era
mixta, basada sobre la agricultura, la cría de ganado
con sus derivados, apicultura, horticultura, etc. Los habitantes
de estas colonias rurales judías son conocidos culturalmente
bajo el nombre de Los Gauchos Judíos a raíz
de un libro con ese título de Alberto Gerchunoff.
Entre
los años 1906 y 1912, la inmigración judía
aumentó a un ritmo de alrededor de 13.000 inmigrantes
por año, siendo la mayoría de la Europa Oriental,
también de Marruecos y el Imperio otomano. Los inmigrantes
judíos en la Argentina rápidamente se adaptaron
y llegaron a desempeñar un papel importante en la
sociedad argentina.
En
1920, aproximadamente 150.000 judíos vivían
en la Argentina. A partir de 1928,9 oleadas de inmigrantes
judíos llegaron desde Alemania y el resto de la Europa
ocupada, especialmente después de que Hitler llegara
al poder en 1933. Entre los inmigrantes judío-alemanes
ingresados después de 1928, hubo miles que escapaban
de las políticas antisemitas implementadas durante
ese régimen.
Pese a ciertas restricciones, Argentina fue el país
latinoamericano que incorporó más refugiados
judíos entre 1933 y 1945. Desde 1928 el país
recibió alrededor de 45.000 judíos europeos,
de los cuales probablemente la mitad ingresó de manera
ilegal.
Durante
los años treinta y cuarenta, en la Argentina el sector
manufacturero creció en número pero manteniendo
su anterior composición de unas pocas grandes fábricas
y muchas pequeñas empresas. Fabricar era una ocupación
para extranjeros: en 1939 la mitad de los propietarios y
trabajadores de pequeñas plantas de fabricación
eran inmigrantes, muchos de ellos refugiados judíos
recién llegados de la Europa Central.
A
comienzos de los años cincuenta la inmigración
judía comenzó a disminuir, y al mismo tiempo
el país estableció relaciones con el Estado
de Israel.