| Asombra
en estos muchachitos el respeto que los fraterniza.
Se
agrupan para ofrecer su ayuda, esmerándose en hacer
cada cual el elogio de sus propios méritos.
Pero,
una vez que el cliente elige, los demas se alejan sin rencor.
Sin envidia.
Se
van dichosos del triunfo del cofrade, como suele hacerse entre
los literatos cuando un colega muere...
Yo
les pregunto_
¿Cuanto ganan por dia?
Asigun, me contesta el rubiecito mientras clava los dientes
en un durazno enorme.
Yo,
agrega otro, saco, a veces, tres o cuatro pesos de propina,
sin contar el mango de la boleteria.
¿La
boleteria?
Si, señor.
Cada vez que un socio nos llama, el boletero tiene la obligacion
de pagarnos un peso.
Despues el que gana nos da una propina.
No
todos dan propina, intercala un morocho. Algunos son amarretes.
Otros se olvidan por hablar con las novias...
Si,
pero de repente, alguno se vuelve loco y nos larga diez pesos.
Entre la gente rica hay mucha gente buena. Sobre todo las
mujeres.
¿Sabe
como adivinamos quienes dan mas propina? Los que tienen menos
alhajas y los que vienen con sus hijos...
El
año pasado una señorita muy linda que jugaba
con un viejo le dio a Pirulo un papel de cien pesos. ¡Un
canario!
¿Y
que hizo Pirulo con tanta plata?
¿Que iba a hacer? Lo que hacemos todos: se la llevo
a la vieja...
Los
chicos que me rodean echan a correr.
Un auto llega...
-
Yo, señorita.
- A mi señorita.
- Soy el Nº 13...
¡Magnifica
mujer! La acompaña un señor perfumado. Reloj
de pulsera. Cuantiosos anillos... Ella, al verse circuida
de aquel enjambre de ojos chispeantes y de bocas chillonas,
se detiene a mirarlos.
¡Que
chicos tan pintorescos!, le dice a su acompañante.
¡Mira cuantos ojos azules!
Entremos
de una vez, Lulu. Hay que tener cuidado con estos «caddies».
¡Son una chusma!.
Lleveme
a mi, señorita. Yo le enseñare todas las mañas
del juego. Ganara conmigo...
Ella
rie con pena.
No, hijitos. Nosotros no venimos a jugar.
¡Claro!
En la melancolia de su risa los chicos ven que la hermosa
mujer no ha venido «a jugar».
Se comprende facilmente que de buen gana ella acariciaria
con dulzura la blanca inocencia de las caritas sucias... Pero
el caballero del reloj pulsera la lleva del codo.
La impulsa hacia el portal para que salga pronto del circulo
infantil.
Vamos,
Lulu
Uno
de los chicos murmura:
No son socios. |